Arxivar per Herman Melville

Moby Dick, la obra, llega al teatro en México

Posted in General with tags , , , on Agost 23, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

La puesta en escena Moby Dick es una producción de la Compañía Teatralnaya, dirigida por Mauricio Osorio, la cual se presenta desde el 8 de agosto en el Multiforo Cultural Ollin Kan y dirigida a toda la familia., su director y el actor Hugo Márquez platicaron sobre esta obra que es ya un clásico de la literatura.”Moby Dick es una obra escrita por Herman Melville y considerada una de las más representativas de la literatura estadunidense. Es la primera vez que se presenta en México y con ella regreso a dirigir a los escenarios teatrales tras el éxito de Closer, la cual fue montada en el Foro Shakespeare”, refirió Osorio.Moby Dick narra la historia de Peqoud, un buque ballenero que se dedica a la caza del cachalote en el Océano Pacífico. A su mando está el capitán Ahab, un hombre misterioso embarcado en una misión de venganza, pues su objetivo es destruir a la ballena blanca que le arrancó la pierna izquierda, a pesar de que el accidente ocurrió ya hace varios años.Esta puesta sobrepasa en mucho la aventura y se convierte en una alegoría sobre el mal incomprensible representado por la ballena, un monstruo de las profundidades que ataca y destruye lo que se pone en su camino, así como el capitán Ahab, que representa la maldad absurda y obstinada que sostiene una venganza personal y arrastra a la muerte a muchos inocentes.El reparto lo integran Víctor Kruper, Eduardo Philippe, Alejandro Caso, Hugo Márquez, Fabián Lozano García, Eduardo Castañeda, Mireille Anaya, Jorge Abraham, Gustavo Proal, Gabriel Corona, Alejandro Terán, Carlos Cuéllar y Octavio García Abrajan, “todos ellos excelentes actores que harán que el espectador se sienta sumergido en el océano y reflexione acerca de muchas cosas, ya que esto de la ballena es una mera metáfora, yo te aseguro que todos cargamos con una ballena blanca a cuestas”, comentó Hugo Márquez.De igual forma, dijo que debido a las cosas que se ofrecen hoy en día en televisión, la gente se ha olvidado de los clásicos teatrales e inclusive hoy por hoy ni siquiera conoce obras como ésta o El Principito, sólo por mencionar algunas.

Fuente: El sol de Cuautla

Anuncis

Aborda la obra "Moby Dick" la obsesión por alcanzar metas.

Posted in General with tags , , on Agost 14, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

Bajo el planteamiento filosófico que Herman Melville empleó en “Moby Dick” y que refiere a una búsqueda obsesionada por alcanzar metas o ambiciosos proyectos en los cuales se pone en riesgo a la familia o a la propia integridad física, la compañía Teatralnaya llevará a escena esta obra.
“Todos queremos alcanzar nuestra ballena blanca y por conseguirla podemos llegar a extremos como la traición, el robo, la prostitución, perder a la familia o hasta la vida”, coincidieron Mauricio Osorio (director de la obra) y el actor Hugo Márquez.
En entrevista con Notimex, los artistas indicaron que contrario a las representaciones que ha tenido esta obra para el público infantil, está dirigida a los públicos adolescente y adulto, por lo filosófico del tema que aborda.
“Lo que buscamos es que el público experimente algo en su interior que lo lleve a la reflexión y se pregunte a sí mismo: ¨Qué tan válido es llegar a estos extremos para poder alcanzar el trofeo?”, añadieron.
Con 13 actores en escena, la temporada de “Moby Dick” inició funciones el pasado fin de semana en el Multiforo Ollin Kan, de la delegación Tlalpan, donde se representa de viernes a domingo, durante este mes y en septiembre próximo.
La obra, indicó Osorio, está muy apegada al libro del escritor estadounidense Herman Melville, aunque está recortada por obvias razones, pero ubica al espectador en el momento en que el capitán Ahab (Víctor Kruper), el primer oficial (Hugo Márquez) y los demás tripulantes del barco intentan cazar a la ballena blanca “Moby Dick”.
De acuerdo con la novela de Melville, publicada en 1851, el libro trata de la obsesiva y autodestructiva persecución de una gran ballena blanca realizada por el capitán Ahab a bordo del barco ballenero “Pequod”. El buscaba vengarse porque el crustáceo le había arrancado una pierna.
En la puesta, el foro viene a representar la cubierta de la embarcación y el público viene a representar al mar y a la misma ballena, explicó Mauricio Osorio, quien dijo que existen planes de llevar esta obra de gira por el resto del país.
Sigue Aborda la obra. dos. país.
Es la primera ocasión que se representará en México con apego a la historia original, intervino Hugo Márquez, “pues es una obra filosófica. Siempre se había representado como una obra infantil, de aventuras y que buscaba que el público se divirtiera enmedio de la persecución”.
Refirió que se trata de un clásico de la literatura universal, “que nos llevó a montarla con el fin de desmentir la idea de que leer a los clásicos es aburrido; al contrario, son de aventuras, actuales y filosóficos que llevan al lector a la reflexión, lo cual no debe perderse”.
Consideró que la representación de la historia de “Moby Dick” busca cambiar mentalidades, sobre todo en esta época en la que el género está pasando por una etapa difícil.
Cada vez, dijo, hay menos personas que quieren apostarle al teatro o le arriesgan al tipo de comedias de entretenimiento, como son las musicales o donde se introducen efectos especiales con nuevas tecnologías, pero ya no al teatro cultural que tiene una propuesta más de fondo.
Expresó que también hay que considerar al teatro como un medio cómodo de entretenimiento para el hogar porque ofrece noticias, risas y morbo, entre otras cosas.

Fuente: Mundo Hispano

Montan en el teatro "Moby Dick", de Herman Melville

Posted in General with tags , , on Agost 12, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

La clásica historia que habla sobre el combate a lo maligno, lo diabólico, al mal, encarnado en la ballena blanca, es llevada al escenario del Multiforo Ollin Kan Tlalpan, donde este fin de semana iniciará temporada la obra teatral “Moby Dick”.

Bajo la adaptación y dirección de Mauricio Osorio, la obra publicada por vez primera en 1851 es representada por los actores Víctor Kruper, Eduardo Philippe, Gustavo Proal, Eduardo Castañeda, Fabián Lozano García, Mireille Anaya, Hugo Márquez y Gabriel Corona.
La pieza narra la historia de un buque ballenero, el “Pequod”, que emprende la caza de la ballena blanca en el Océano Pacífico, bajo el mando del capitán “Ahab”, un hombre misterioso que se embarca en una misión de venganza.

Su único objetivo es destruir al cachalote que le causó daños diversos en el cuerpo, entre ellos cicatrices notorias en la cara y sin la mitad de su pierna izquierda.

Aunque han pasado varios años desde su primer y trágico encuentro, “Ahab” está lleno de odio hacia “Moby Dick”, como le llaman a la ballena, y hace hasta lo imposible por capturarla y matarla.

Lo anterior, aunque provoque la ira de los marineros a su cargo y la muerte de la gran mayoría de quienes viajan en el “Pequod”.

Pero “Moby Dick” sobrepasa la aventura y se convierte en alegoría sobre el mal incomprensible representado por la ballena, un monstruo de las profundidades que ataca y destruye lo que se le pone en su camino.

Mientras que el capitán “Ahab” representa la maldad absurda y obstinada, que sostiene una venganza personal que arrastra a la muerte inútil a muchos inocentes.

Fuente: Milenio

Montan en el teatro "Moby Dick", de Herman Melville

Posted in General with tags , , on Agost 9, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

La clásica historia que habla sobre el combate a lo maligno, lo diabólico, al mal, encarnado en la ballena blanca, es llevada al escenario del Multiforo Ollin Kan Tlalpan, donde este fin de semana iniciará temporada la obra teatral “Moby Dick”.El montaje basado en la obra maestra de la literatura universal escrita por el estadounidense Herman Melville, “Moby Dick”, empezará sus funciones el 8 de agosto próximo y se presentará los viernes, sábados y domingos de agosto y septiembre.Bajo la adaptación y dirección de Mauricio Osorio, la obra publicada por vez primera en 1851 es representada por los actores Víctor Kruper, Eduardo Philippe, Gustavo Proal, Eduardo Castañeda, Fabián Lozano García, Mireille Anaya, Hugo Márquez y Gabriel Corona.La pieza narra la historia de un buque ballenero, el “Pequod”, que emprende la caza de la ballena blanca en el Océano Pacífico, bajo el mando del capitán “Ahab”, un hombre misterioso que se embarca en una misión de venganza.Su único objetivo es destruir al cachalote que le causó daños diversos en el cuerpo, entre ellos cicatrices notorias en la cara y sin la mitad de su pierna izquierda.Aunque han pasado varios años desde su primer y trágico encuentro, “Ahab” está lleno de odio hacia “Moby Dick”, como le llaman a la ballena, y hace hasta lo imposible por capturarla y matarla.Lo anterior, aunque provoque la ira de los marineros a su cargo y la muerte de la gran mayoría de quienes viajan en el “Pequod”.Pero “Moby Dick” sobrepasa la aventura y se convierte en alegoría sobre el mal incomprensible representado por la ballena, un monstruo de las profundidades que ataca y destruye lo que se le pone en su camino.Mientras que el capitán “Ahab” representa la maldad absurda y obstinada, que sostiene una venganza personal que arrastra a la muerte inútil a muchos inocentes.

Fuente: SDP

Recomendaciones de aventuras en ‘Veinte tochos, ningún tostón’

Posted in General with tags , , , , , , on Juliol 24, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

– Sir Thomas Malory, La muerte de Arturo. “Quien crea que Arturo no existió debe ser tratado como un necio”, advierte el prólogo. Así debe ser tomada esta epopeya –la primera escrita en lengua inglesa–: con la credulidad que merecen los mitos. Todos los héroes artúricos en su esplendor. Los capítulos finales son hermosísimos. Siruela. 979 págs. (2 vols), 50 €.

– Joseph Conrad, Lord Jim. Otro de los trágicos héroes de Conrad, tantas veces mal clo-nados por el cine y las novelillas de poca monta. “He visto orillas misteriosas, aguas inmóviles, tierras de oscuras naciones (…) Pero todo mi Oriente cabe en aquella visión de mi juventud: un destello de sol sobre una orilla extraña”, dice el protagonista hablando por todos nosotros. Pre-Textos. 508 págs, 25 €.

– Charles Dickens, Los papeles póstumos del Club Pickwick. Primera novela del gran Dickens, publicada cuando el autor tenía 24 años, esta sátira sobre la filantropía no concede tregua. ¿Necesita usted reír? Éste es su libro. El viejo verde Tupman y el gafe Winkle están entre los mejores payasos de la literatura. Mondadori. 832 págs, 29 €.

– Herman Melville, Moby Dick. Borges la llamó “la novela infinita” porque “página por página el relato se agranda hasta usurpar el tamaño del cosmos”. ¿Qué más añadir? Una advertencia: no es un libro sobre ballenas, sino la eterna historia de la batalla contra el Mal. Leerla es tan necesario como inhalar o alejarse de las entidades bancarias. Alianza. 880 págs., 8 €.

Autor: José Ángel González
Fuente: 20 minutos

Herman Melville por Cesare Pavese

Posted in General with tags on febrer 4, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

La importancia actual de este escritor del ochocientos que sólo hoy renace a la fama, puede ser condensada completamente en una contraposición: nosotros, hijos del ochocientos, llevamos en la sangre el gusto por las aventuras, por lo primitivo, por la vida real, que siguen y suceden a la cultura y nos libran de las complicaciones, obrando como revigorizantes de un alma decadente, enferma de civilización: nuestros héroes se llaman todavía Rimbaud, Gauguin y Stevenson; mientras que Herman Melville ha vivido antes las aventuras reales, lo primitivo. Ha sido primero bárbaro y luego ha entrado en el mundo del pensamiento y de la cultura, llevándoles la salud y el equilibrio adquiridos en su vida anterior. Ahora bien, es claro que desde hace un tiempo nosotros sentimos una gran necesidad de volver a lo primitivo. Lo demuestran el renovado gusto por los viajes y los deportes, el cine, el jazz, el interés por los negros y todo lo demás que no vale la pena mencionar y que, con una palabra sintética, llamamos antiliteratura. Y esto es, sin duda, muy lindo; pero la manera en que se lo manifiesta, ofende. Ya que, me parece, en el fervor antiliterario se tiende a un primitivismo tal, que casi es imbecilidad, debilidad. Quiero decir que es cobarde huir de las complicaciones a un paraíso simplista que, después de todo, como se sabe, no es más que otro refinamiento de la civilización. Antes me equivoqué: nuestros héroes no son Rimbaud, Gauguin y Stevenson, sino la resaca de la humanidad. Mientras que el ideal de Melville culmina en Ismael, un marinero que puede remar con los compañeros iletrados durante medio día detrás de un cachalote y que luego se retira a meditar sobre Platón, bajo el palo mayor.
No es por azar que Herman Melville sea norteamericano. Estos recién llegados a la cultura que son considerados por sus defensores como los responsables de la vuelta al primitivismo de nuestros ideales y, excluyendo todo reproche, con razón, tienen mucho que enseñarnos sobre el tema. Ellos sí que han sabido renovarse, pasando la cultura a través de la experiencia primitiva, real, pero no –como está de moda entre nosotros– renegando de una palabra por otra, sino más bien, a través de eso que se llama vida, enriqueciendo, templando y potenciando la literatura.
“Un pensamiento no significa nada de nada si no está pensado con todo el cuerpo.” Esta es una frase muy norteamericana y a este ideal tiende, consciente o inconscientemente toda la tradición de los Estados Unidos, desde Thoreau a Sherwood Anderson, llegando a crear poderosos individuos que pasan un buen número de años de manera primitiva, viviendo y absorbiendo, y luego se dan a la cultura, reelaborando la realidad experimentada en pensamientos e imágenes que por su dignidad y su pureza serena y viril tienen algo de ese equilibrio que acostumbramos llamar griego. Estamos muy lejos de los paraísos artificiales que acogen a nuestros exquisitos “barbarizados” en los lugares más alejados.
Herman Melville llegó a la vida enfermizo y alienado. Parece que cuando tenía alrededor de diecinueve años ya emborronaba cuartillas. Luego, de pronto, el mar; cuatro años de peripecias y de compañerismo, la pesca ballenera, las islas Marquesas, una mujer, Tahití, Japón, los cachalotes, algunas lecturas, muchas fantasías, El Callao, el cabo de Hornos, y en octubre de 1844 baja a tierra en Boston un hombre cuadrado, quemado por el sol, conocedor de los vicios humanos y del valor. “Un hombre bien desarrollado es siempre sano y robusto”, dirá más tarde Melville, en medio de una vida de estrecheces, melancolía y hasta de desgracias, puesto que esta gente tan práctica no es en absoluto superficial y dada a lo fácil como se podría sospechar. Casi todos los escritores norteamericanos que ya han aportado a la literatura este ideal de equilibrio y de serenidad han cumplido su obra en medio de duras dificultades, necesidad y enfermedades. Ejemplo para todos es Walt Whitman, paralítico durante casi veinte años, y arruinado. También esto ha contribuido a su experiencia de la realidad, concentrando sus pensamientos, haciéndolos más conscientes. Lo sano de esta gente está, mucho más que en el cuerpo, que en su condición, en la virilidad y pureza de espíritu que sobreviven a la integridad física.
Y ni siquiera Melville, en su larga vida literaria, que comienza con el desembarco en Boston, será el escritor fecundo, un poco fácil y exterior, que se puede esperar de quien ha viajado y visto muchas cosas exóticas. Muchos de sus libros fracasarán, en medio de heroicos esfuerzos, aun tratándose, como en el caso de Mardi, de magníficos defectos de crecimiento; y otros, como Moby Dick, serán reelaborados o atormentados hasta hacerle perder la salud, hermanándolo, en esto, con muchos otros connacionales “bárbaros” que se contaron, en cambio, entre los más insatisfechos y refinados cinceladores del siglo.
Melville es evidentemente un griego. Uno lee las evasiones europeas de la literatura y se siente más literato que nunca, se siente pequeño, afeminado, cerebral; lee Melville, que no se avergüenza de empezar Moby Dick, el poema de la vida bárbara, con ocho páginas de citas, y de seguir discutiendo, continuando con las citas, dándoselas de literato, y uno siente que respira mejor, se siente más vivo y más hombre. Y, como en los griegos, la tragedia (Moby Dick) puede muy bien ser sombría, pero la serenidad y la pureza del coro (Ismael) son tan grandes, que uno sale siempre del teatro sintiendo solamente la exaltación de su capacidad vital.
Por lo tanto, Herman Melville es, sobre todo, un hombre de letras y de pensamiento que comenzó como ballenero, como robinson y vagabundo. Sin ir más lejos, tenemos un ejemplo de su modo de ser primitivo, leyendo los fragmentos de ese elogio de la vida marinera que hace al autor un lobo de mar conocido y respetado por todos como es el Noble Jack, que en los momentos de ocio acostumbra recitar, a sus compañeros más dignos de ello, fragmentos de las Lusíadas. Y es el bárbaro, el descubridor en literatura de los Mares del Sur, el que escribe:
¡Seguro, Camoens fue en un tiempo marinero! Después está Falconer, cuyo Naufragio no se hundirá nunca, aunque él, pobre diablo, haya desaparecido junto con la fragata Aurora. El viejo Noé fue el primer marinero. ¡Y San Pablo también conocía la brújula, muchacho! ¿Recuerdas aquel capítulo de los Actos? Yo no lo hubiera contado mejor. ¿Estuvo alguna vez en Malta? La llamaban Mulita en tiempos del Apóstol… Y está Shelley que era todo un marinero. Shelley –¡Pobre Joven!…– se ahogó en el Mediterráneo, cerca de Livorno… Trelawny asistía a la cremación, y también él era un infatigable navegante. Sí, y Byron ayudó a poner un pedazo de quilla en la hoguera… y ¿no era Byron un marinero? un marinero diletante… Oigame, Chaqueta Blanca, no ha existido nunca un gran hombre que haya pasado toda su vida en tierra… Juraría que Shakespeare fue guardián del castillo de proa de algún barco. ¿Recuerda la primera escena de La Tempestad?… La inspiración, muchacho, es toda una ráfaga de aire marino… porque, vea usted, no hay obstáculos para el océano, el océano arranca enseguida la falsa proa de un inservible, se lo dice y le hace sentir que lo es…

Autor: Cesare Pavese
Fuente: Pagina/12