Arxivar per Hugo Pratt

Corto Maltés, el mejor personaje de Hugo Pratt

Posted in AUTORS, PERSONATGES with tags , on Desembre 14, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

““Estoy contento de cómo van las cosas” con estas palabras comienza “Dry Martini Parlor” y esta ya es una afirmación sorprendente que dará paso a una historia aún más sorprendente. Como bien sabemos nadie, de hecho, está contento de cómo le van las cosas. Sucede hoy en día y con más razón ocurría en el año de gracia de 1941, quizás el más oscuro del último conflicto mundial, cuando parecía que el Eje podía ganar la partida. Y en cambio en aquel lejano febrero de hace 42 años el capitán Koinsky, del Long Ranger Desert Group, se declara contento. Y ya que tendemos a identificar a Koinsky con su autor, deducimos que también Hugo Pratt estaba contento. Incluso cuando finge (con poca habilidad) que no lo está. El secreto es que Pratt está contento por el simple hecho de estar en el mundo. Ya hace mucho tiempo, quizás desde sus lejanos años en Argentina, que ha abierto el arca que contiene el secreto de la vida. Y de ese modo ha entrado a formar parte de ese restringido club de privilegiados que, conociendo la Verdad, ha sustituido la cólera y la desesperación por la ironía socrática.”

Decio Cancio.

Prologo a la aventura “Dry Martini Parlor” del capitán Koinsky (incluida en el segundo volumen de “Los Escorpiones del desierto” editorial Norma; guión y dibujo de Hugo Pratt).
Hugo Pratt es el creador de Corto Maltés. Todos los que hemos leído algo de estos dos personajes sabemos que Corto es Pratt y viceversa. Es fácil identificarse con Corto Maltés y hoy se que es debido a que su autor le presta su personalidad. Corto hace lo que a Pratt le hubiera gustado hacer. Corto se mueve por su vida con el carácter de Hugo Pratt.

Para quien quiera saber más de la vida de Hugo Pratt :
– “ Hugo Pratt. La mano de Dios” por Angel de la calle; Dolmen editorial. 2007.
– “Hugo Pratt. La traversée du labyrinthe” por Jean-Claude Guilbert; editorial Presses de la Renaissance ( en francés) . 2005 ¿quién se anima a editarla en castellano?
Hay un librito especial al que tengo mucho cariño. Se trata de la edición en castellano de la novela “La balada del mar salado” que hizo en 1996 Muchnik editores SA. Se trata de la única novela que escribió Hugo Pratt. Es la misma historia del comic pero mucho más rica en datos y descripciones.

Autor: Corto Cortés Smith
Fuente: El País

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Corto Maltés, edición exquisita

Posted in General with tags , , , on Desembre 10, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

Norma Editorial publica estos días ‘Mu, el continente perdido’, otra gran aventura imaginada por el gran Hugo Pratt.

Corto Maltés es el incansable aventurero, el hombre sin patria, la encarnación del Romanticismo. El personaje creado por Hugo Pratt ha pasado a la historia de nuestro imaginario colectivo con sus aventuras a lo largo y ancho del mundo: Venecia, Siberia, Buenos Aires, Suiza, y ahora, reeditado en un volumen de lujo: MÛ, EL CONTINENTE PERDIDO.

Veinte años después de su primera aparición en Italia, Norma Editorial se complace en presentarles una nueva edición de una de las obras más personales de Hugo Pratt, donde Corto Maltés hará un viaje por entre los límites de la vigilia y el sueño, entre realidad y ficción, el cuento y la historia… 512 páginas a color en formato apaisado, con una caja con motivos del cómic en relieve que ningún admirador de Pratt o amante de la aventura puede dejarse perder.

Fuente: Club Cultura

Reseña del cómic de Hugo Pratt protagonizado por Corto Maltés

Posted in General with tags , , on Juliol 24, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

He estado buscando por ahí la traducción al castellano de este cómic de Corto Maltés (lo he leído en francés), pero no ha habido suerte. Iría antes de La conga de las bananas, pero más no podría asegurar. No sé, de hecho, si han optado por otra solución para el doble sentido del título: Tête de champignon (cabezas de champiñón) como los peinados de algunas tribus indígenas sudamericanas y como las setas que se come nuestro protagonista en un sabroso arroz, cortesía de un buen amigo.Últimamente, Hugo Pratt me tiene fascinado. En una primera lectura uno ve que es un buen narrador por el ritmo que es capaz de imprimir a las historias a pesar de su deliberada voluntad de no seguir los esquemas clásicos y por lo sugerentes y originales que resultan sus escenarios. Luego tiene otros cómics, como éste que nos ocupa o La Laguna de los Hermosos Sueños que reseñaba el otro día, en los que nos permite vislumbrar algo más de sus mecanismos narrativos. Y de deja boquiabierto por la sencillez y, al mismo tiempo, fuerza de estos recursos.¿Qué tienen en común estas dos historietas? Que son de aventuras sin, en realidad, serlo. En la segunda queda más claro por el mensaje que la misma porta, pero en ésta queda un poco más desdibujado en el plano contenido para reposar más sobre el continente. Obviamente están los valores que el apátrida Corto Maltés acarrea en todas sus fábulas, en ésta focalizados sobre el tema indio, pero aquí nos centramos más en lo que ocurre que en lo que quiere decir lo que ocurre, quizás amparados en la amnesia del personaje.¿Y que ocurre? Que, para hacerle recuperar la memoria, un amigo le hace un guiso de setas y se lo lleva de aventuras a la jungla. Desde el principio, uno adivina por dónde van a ir los tiros… en una primera lectura. Y digo primera lectura porque en Corto Maltés la magia siempre está presente, pero se permite ser sutil.

Se podría pensar que la aventura de Têtes de champignon no ocurre en realidad (¿como todos los cómics, tal vez?), que es un paisaje onírico, una experiencia de sueños y viajes, pero el cierre de la historia deja una puerta abierta, como siempre, a otras interpretaciones. Tal es el dominio de Pratt de esta sutilidad que no se preocupa de recursos fáciles cuando presenta la trama: amnesia – indios – setas.Es una magia relacionada con los mares que navega Corto Maltés, con las puertas por las que nos conduce, por esa gracia con la que no explota lo obvio y, por el contrario, encuentra el sabor a aventura exótica en cada puerto. Lo natural en un escenario como éste hubiera sido hacer una aventura en torno a El Dorado. Pratt lo hace, pero lo lleva más allá.Sencillamente fascinante, y no únicamente por la parafernalia de junglas, exploradores, indios, cabezas reducidas, anticuarios y cazadores de tesoros, que ya de por sí nos encantan, sino porque consigue expandir el género, como decía aquel, toujours un peu plus loin…: Siempre un poco más lejos…

Autor Hugo Pratt fue un guionista y dibujante de cómics nacido en 1927 en Rímini (Italia), y fallecido en 1995. Su padre era soldado y en 1937 su familia se trasladó a Etiopía durante la ocupación italiana. Sería el primero de sus múltiples viajes. Tras el fallecimiento de su padre en un combate contra los ingleses, Pratt fue confinado en un campo de prisioneros donde comenzó a adquirir historias de los guardias, muchas de las cuales le servirían como materia prima para sus historietas.Tras la guerra, Pratt se unió al autodenominado Grupo Venecia con otras personalidades del mundo de la historieta como Alberto Ongaro, Dino Battaglia y Mario Faustinelli. La revista Asso di Picche comenzó a circular en 1945.En 1949 Pratt se mudó a Buenos Aires, donde trabajó como editor para la Editorial Abril. En la revista de aventuras Misterix conoció a artistas argentinos como José Luis Salinas, José Muñoz y Francisco Solano López, y a Héctor Germán Oesterheld, con quien colaboraría dibujando para él Sargento Kirk, Ticonderoga y Ernie Pike. Volvió a Italia en 1962 y en 1967 comenzó a escribir las aventuras de Corto Maltés.

Autora: Anne Bonny
Fuente: Ocio Joven

Milo Manara en el Salón del Cómic

Posted in General with tags , , , on Juliol 9, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

MILO MANARA: ENTRAÑABLE SÁTIROLa mañana del sábado comenzó fuerte con la conferencia de Milo Manara, que durante poco más de media hora (en el Salón de Barcelona el tiempo es oro) se dedicó a contarnos anécdotas sobre su relación con grandes nombres propios del cine (las ilustraciones para Almodóvar, algunos storyboards para Luc Besson y “Los Borgia” junto a Jodorowsky) y con los dos colaboradores que extendieron esa relación al terreno de la amistad: Hugo Pratt y Federico Fellini.Su trato con Pratt centró buena parte de la intervención, y Manara dio rienda suelta a divertidos y entrañables recuerdos de sus vivencias con el historietista italiano: antes de la colaboración entre ambos en “El gaucho” y “Verano indio” (dos genialidades de guión y de dibujo, todo hay que decirlo), el mítico autor de ‘Corto Maltés’ le utilizaba para transportar su colección de libros en la furgoneta que poseía Milo Manara por aquel entonces. La colección de libros de Pratt era gigantesca, y no dejaba de moverlos de una casa a otra, y por lo visto contaba con residencias repartidas por medio mundo. El italiano también relató una bella anécdota en la que Pratt asumió la paternidad de un montón de mujeres indígenas para que pudieran recibir ciertas ayudas monetarias de su gobierno. Una historia digna del encanto evocador y romántico de las aventuras de Corto Maltés.

Autores: Miguel Martín y Gema del Prado
Fuente: Aullidos

Entrevista: Milo Manara

Posted in General with tags on Abril 19, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

¿Qué busca con sus historias: entretener, revolucionar, transmitir valores…?
Hugo Pratt me enseñó que no existe la diversión por la diversión, que detrás de la aventura siempre hay algo de conciencia. Si cada mañana al despertar uno repitiera una frase de Dante Alighieri en La Divina Comedia que dice algo parecido a: “Considerad de dónde venís, no fuisteis hechos para vivir de manera vulgar, sino para perseguir virtud y conocimiento”, cambiaría el planeta. Este mismo concepto está también expresado en el Ulises de James Joyce, que pone una aventura en un día que es imposible de realizar físicamente, es una aventura mental para demostrar que no somos libres en el mundo en el que estamos.

¿Cómo fue trabajar con dos genios como Hugo Pratt y Federico Fellini?
La relación era la que hay entre el maestro y el aprendiz. Yo reivindico por un lado este tipo de relación, típica del Renacimiento. Es un orgullo, porque Pratt hizo dos guiones para mí y Fellini también me dio otros dos

Autora: Rebeca Fernández
Fuente: Público

Crítica: ‘La Balada del Mar Salado’, de Hugo Pratt

Posted in General with tags , , on febrer 25, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

El inmenso océano Pacífico es testigo de una aventura llena de piratas, indígenas, soldados y una guerra en ciernes, en la obra en la que Hugo Pratt nos dio a conocer a Corto Maltés

El Océano habla, e introduce esta historia con imponentes palabras de tono épico aunque tímidamente ingenuas, demostrando las intenciones del cómic: elaborar una historia clásica de aventuras con todos los ingredientes del género, ya se trate de largos viajes cuajados de peligros, amores imposibles, violencia en su justa medida y final parcialmente feliz. Pratt pergeñó un relato para adultos en el que la acción se desarrollara a lo largo de agudos diálogos en vez de apostar por la espectacularidad de la escenificación, pero para aquellos adultos que, como él, añoraban vicisitudes literarias de corte romántico, escenarios exóticos, secuencias embriagadoras que no eran más que retazos de recuerdos y ensoñaciones medioburguesas de escritores como Verne, Stevenson o Salgari, con quienes Hugo Pratt (Rimini 1927-Pully 1995) creció leyendo en su juventud. La balada del mar salado apareció por vez primera en 1967 impulsada por Fiorenzo Ivaldi, promotor inmobiliario cautivado por la obra de Pratt, en el número 1 de la revista italiana Sgt. Kirk, título que provenía de una serie anterior del dibujante. Y pese a que las diferencias entre sus fundadores forzaron su desaparición prematura en 1969, para aquel entonces el personaje de Corto Maltés había adquirido suficiente fama como para justificar una colección abundante en títulos que se prolongaría hasta inicios de los ’90. Con anterioridad Hugo Pratt había ya perfilado su estilo de historietista de la mano de Héctor Germán Oesterheld, gurú del cómic argentino y uno de los padres del Eternauta, con quien realizó la ya mencionada Sargento Kirk (1953-1959), Ticonderoga y Ernie Pike (ambas de 1957), abandonando sus primeras influencias del grafismo estadounidense y apostando por un estilo más expresionista, libre en el trazo, escorzos más rígidos y estáticos y un contundente blanco y negro. Como Mastroianni para Fellini (paisano y gran amigo de Pratt), Corto es el alter ego de acción del creador intelectual, actor a través del cual protagonizar aquellas aventuras que requieren el preciso desgaste físico para salir indemne. En La balada… Corto Maltés hace su primera aparición crucificado como San Andrés a una chalupa lanzada a la deriva por la tripulación amotinada. Como una anécdota más, así lo encuentra el catamarán de Rasputín, viejo amigo del maltés, quien transporta a Caín y Pandora Groovesnore, sucesores de una importante familia de industriales coloniales de los mares del sur por quienes se espera recaudar un suculento rescate. Rasputín y Corto toman rumbo de la isla “La Escondida”, guarida del pirata conocido como “El Monje”, para quien éstos trabajan vendiendo a los alemanes cargamentos de carbón robado a los aliados. Estamos en 1912 y el inicio de la Gran Guerra es ya inminente. Poco a poco la trama urdida por Hugo Pratt nos irá dando las claves de esta historia, las complejas relaciones existentes entre los personajes, las identidades y la suerte de cada uno de ellos en un alarde de eficaz composición argumental y síntesis narrativa.

Los personajes, siempre carismáticos en Pratt, son el motor de la historia, ellos desencadenan las acciones y activan a su vez a otros personajes. “El Monje” atrae la atención del lector desde el comienzo, ya sea por la siempre útil estrategia de ocultar su rostro bajo una capucha, ya sea por sus impredecibles cambios de humor y sus pobres alardes de líder maniático; Caín y Pandora son sugestivos, el primero por su orgullo británico y el odio que entraña contra Corto, la segunda por el amor adolescente que profesa por el mismo; Slutter, fiel funcionario al servicio de Alemania, a quien vemos precipitarse hacia la ruina a lo largo de las páginas, es otro más de los individuos que, cada uno en su justa medida, resultan más o menos efectivos, pero sin duda quien despunta sobre todos ellos es el demente ruso de negra barba Rasputín.

Rasputín ha sido visto muchas veces como la plasmación figurada de la faceta visceral, irracional e impetuosa de Corto Maltés; en efecto son polos opuestos, ambos personajes encarnan un canon que resulta complementario para con el otro, apenas con matices, y donde el uno es agresivo, el otro es pausado, donde existe la cobardía, se le opone el valor, a la pasión dominadora le hace frente un carácter frío que teme comprometerse, feo y bello, mesiánico y ácrata. La amistad que profesa Rasputín hacia Corto es ciega, énfasis torrencial e incluso, por qué no, amor. Aquí la crítica, antes que una admiración afectiva homosexual, ha preferido ver dos mitades de un mismo ego. Sin embargo, mientras que Rasputín es aprovechado hasta la caricatura por Pratt, con Corto no sucede lo mismo, y sus juegos de palabras, sus insolentes bromas y su tesón perspicaz, combinados con un porte firme y cínico no progresan a lo largo de los álbumes posteriores; son sólo los rasgos de un personaje estereotipado: el habitual héroe de sangre fría y perseverante ironía, galán esquivo, independiente, de feas maneras aunque honrada moral. Y pese a que hay una escena en este primer número de sus aventuras en el que sí se comporta como un brutal marinero e intimida a Pandora con un simulacro de agresión sexual, único desliz de este personaje hacia lo sórdido en toda su carrera, su comparación con el resto de caracteres no resiste y se descubre como el menos original y complejo de todos, sin el magnetismo enigmático de Cush (En el nombre de Alá compasivo y misericordioso, 1972), la abyecta sensualidad de Boca Dorada (El secreto de Tristán Bantám, 1970) o la siempre atrayente primaria violencia de su colega barbudo. Corto Maltés es, en realidad, un no-protagonista, o aquel personaje cuya participación en los acontecimientos es sutil o casi nula. Los hechos que encuadran las ficciones de Pratt son reales, ocurrieron y han sido profundamente documentados; incluso de vez en cuando aparecerán nombres que existieron, como Hemingway, Onassis, London o Manfred von Richtoffen. Estos factores históricos se relacionarán fugaz y tangencialmente con los fabulados, hábil estrategia del autor, para otorgar verosimilitud sin modificar los hechos y el curso ya escrito de la Historia. Y dado que esta es la voluntad de Pratt, Corto debe ser un mero observador, un protagonista secundario cuyas acciones no afecten a lo sucedido originalmente. Por ello él siempre busca tesoros, enclaves mágicos, tierras míticas o piezas en el rompecabezas de las ciencias y sociedades ocultas.

Por ello Corto a menudo se mantiene alejado de la acción y, o bien no aparece en escena (La juventud, 1981 o Bajo la bandera del oro, 1971) o sueña (delirios, visiones, intoxicaciones por droga), recurso muy popular en la obra del italiano, con el que es capaz de completar números completos de la serie o incluso tomos más extensos (Mu, 1991).En una ocasión Pratt definió a su criatura como un conglomerado de todas aquellas personas que había conocido a lo largo de sus numerosos viajes (Italia, Etiopía, Argentina, Inglaterra…), durante los cuales, por cierto, sembró el mundo con vástagos de muy diversa índole. Queriendo unificar en un único producto la variedad de los hijos reales que tan lejanos quedaron en la geografía, Corto Maltés es un sujeto deliberadamente difuso, sin ubicación definible –es capaz de encontrarse de un episodio a otro en lugares diametralmente opuestos en el mapa- ni orígenes concretos salvo la historia, que se presenta como un mito, de que vio la luz en La Valetta y es hijo de un navegante británico y de “La Niña de Gibraltar”, gitana andaluza practicante de las artes mágicas. Cuando le leyeron la mano siendo un crío y descubrieron que faltaba la línea de la fortuna, él mismo se la dibujó con una cuchilla de afeitar. Esta parábola le define como aquel que no tiene futuro, o mejor, que posee un futuro artificial, es decir el personaje de ficción por antonomasia, sujeto a los caprichos del escritor porque de forma natural no posee identidad. Como el asesino de Süskind, que carecía de olor y por ello no existía, Corto Maltés se ubica en el umbral entre lo históricamente real y lo ficticio, entre lo tangible y racionalmente documentado y lo fantástico, oscuro y onírico.

En La balada… no hay sueños pero hay escenas delatoras de una realidad fantástica. Por ejemplo aquella en la que el jeep de Corto y Pandora sufre un ataque de francotirador que da lugar a una serie de aventuras, incluyendo una rocambolesca lucha contra animales marinos, chocante contraste con el tono creíble del resto de la historia. No es un sueño pero demuestra que Pratt actúa adrede en lo referente al maltés y con él incluye a un personaje de fábula, insólito, como Tremal-Naik o Gordon Pym, en un escenario real. Nostálgico de épocas y lugares (físicos y ontológicos) lejanos, Pratt se mueve como un europeo en Oriente y sus álbumes a menudo son guías para el viajero, ilustran lugares y costumbres y, por si fuera poco, atisban una introducción a las artes ocultas que animan a iniciarse, literariamente claro. Pero el Orientalismo que despliega Pratt es anticolonialista, y la condición de apátrida inclasificable de Corto es el pretexto para lanzar una esbozada apología del localismo de las culturas, apoyando con su presencia a la resistencia que clama por independizar su etnia subyugada de aquella invasora (IRA irlandés, cangaçeiros brasileños). El maltés es el testigo de la época, el héroe anónimo, el símbolo que Pratt regala a todas las luchas justas -el supuesto final del marino, nunca dibujado y mencionado en otra obra del autor, es durante la guerra en España combatiendo contra los insurgentes.

Aprovechando le reedición en Norma Editorial de La balada del mar salado, en blanco y negro como la original, es el momento, salvando el obstáculo del elevado precio, para que muchos se encuentren por primera vez con la nostalgia aventurera impregnada de fantasías de este primer álbum de Corto Maltés. Pero no todo es fantasía. El grueso de las páginas transcurren en el terreno de lo viable: animados diálogos, idas y venidas, conflictos políticos, dramas familiares, falsas esperanzas, traiciones, amenazas… un cómic para adultos que no requiere de sexo y sangre para serlo

Autor: Carlos Caranci
Fuente: Fantasymundo

Homenaje: Hugo Pratt

Posted in General with tags , on febrer 16, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

El maravilloso dibujante y narrador impenitente nacido en Rimini, en 1927 y muerto hace poquito de un último tropiezo al baqueteado corazón vivió –-todos lo saben– casi quince años en la Argentina. Fueron los de formación profesional, digamos. Entre 1949 y 1964, cuando después de algunos amagues, se volvió definitivamente a Italia. Es decir que estuvo de los veinte apenas pasaditos a los treinta maduros. De la primavera peronista a los golpes de los ‘60. Se hizo dibujante grande acá; pero también se hizo hombre en la experiencia –mujeres, hijos–, todo lo que anduvo, conoció y leyó entre el chalet de Acassuso y las salidas a cazar jabalíes en la Patagonia.

Hacerse la Europa

Cuando volvió a Italia, Hugo Pratt en Italia no existía. Su obra realizada con Oesterheld en la Argentina recién entonces comenzaría a difundirse en su patria y en Europa en general –Sargento Kirk, Ticonderoga, Ernie Pike–-, y sólo con La Balada del Mar Salado, a los cuarenta años, y con la invención dentro de esa saga del Corto Maltés –después personaje independiente–
Pratt fue Pratt en el continente.

A partir de ahí y hasta su reciente última página, acumuló obra y personajes, fue construyendo su propio mito de bases sólidas: Pratt hizo de la aventura un emblema, jugó a confundir (mezclar, digo) vida y obra, dibujó con la misma soltura inteligente y despreocupada con que apenas apoyaba el talón sobre caminos y cubiertas.

Después de inventar al Corto y su mundo, en el que vertió todo el bagaje de sucesos ricos y sugerentes del primer cuarto de siglo más su propio álbum de fantasmas y obsesiones, alcanzó a incurrir en varias mujeres memorables que poblaron sus alrededores (los del maltés, los suyos) y hasta logró, fuera de tiempo y de moda, una gran historieta de guerra: Los Escorpiones del Desierto. Pudo, además, darle breve y fantástica vida a un perfecto héroe amoral e implacable, el hierático Jesuita Joe.

Al final, dejó secar el pincel, pero no la fantasía. Mientras alargaba los últimos episodios de Corto escribió una novela no casualmente argentina, Viento de tierras lejanas, y le tiró un par de historietas –Verano Indio y la sintomática El Gaucho– al consecuente Milo Manara. Así se dio el gusto de ver dibujadas las aventuras y los indios a los que él ya no tenía las ganas ni la energía necesarias para ponerles cada pluma. Mostró la hilacha de su más auténtica vocación: narrador empedernido, fabulador mentiroso y querible que tanto usaba la ficción para hablar de su vida, como el pretexto de la biografía para contar cosas que le hubiera gustado que fueran, que le hubiera gustado leer.

El “Tano” es nuestro

Durante todos estos años, no volvió demasiado seguido. A veces, como padre, sin ruido; a veces, para exponer, como prócer. Pero poco. Sin embargo, como el transitado Troilo, nunca se fue, siempre estuvo volviendo. Y es cierto: además de las memorias delirantes de Le pulci penetranti –Avant Corto, en francés– donde evoca un Buenos Aires y una Argentina tan esperpéntica como verdadera, Pratt no dejó pasar dibujito sin citar estas costas, no contó historia alguna que no evocara algún fantasma argentino.

Autor: Juan Sasturain
Fuente: Página/12