Arxivar per LLIBRES

Presentación oficial de “El país de la canela” de William Ospina

Posted in General with tags , , on Octubre 29, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

La fascinación por la canela a mediados del Siglo XVI impulsó a varios conquistadores a que se hicieran a la mar rumbo al Nuevo Mundo, con el firme propósito de encontrarla, comercializarla y obtener grandes dividendos.

Así como la leyenda de “El Dorado”, nació “El País de la Canela”, un supuesto lugar selva adentro, donde los conquistadores esperaban encontrar inmensas extensiones de canela, que en aquella época era utilizada como aromatizante, para mantener en buen estado las carnes, acompañante de bebidas calientes y alcohólicas, ingredientes de diversos platos y hasta como afrodisíaco.

La desilusión fue grande al encontrar sólo algunos árboles. Tal vez el fracaso de estas expediciones y las crueldades que se vivieron dentro de ella, hicieron que se ocultaran sus relatos, se fraccionara la historia y no se conociera toda la verdad.

El encanto por esta época y la historia de América, llevó al escritor tolimense William Ospina a investigar esta expedición en búsqueda de la canela por la selva amazónica, tema central de la trilogía literaria de autor tolimense, la cual llega a su segundo capítulo.

Una aventura narrativa que cumple 14 años de trabajo, de los cuales seis dedicó a la escritura de “Ursúa”, su primera novela, y tres más a “El país de la canela”, obra que presentará en Colombia el próximo martes.

Con ella, William Ospina, reconocido en sus facetas de ensayista y poeta, recorrerá Latinoamérica, para luego llevarla a España el próximo año, donde este tipo de novelas sobre la historia de América ha despertado gran interés.

Años de trabajo

– Labor de largo aliento la investigación y escritura de esta trilogía histórica…

Afortunadamente lo disfruto mucho, pero es verdad que llevo bastante tiempo detrás de este proyecto sobre las primeras expediciones por el Amazonas, tema que descubrí en la investigación para el ensayo sobre Juan de Castellanos, “Las Auroras de Sangre”, al que dedique cinco años, desde 1994.

Fueron seis años de escritura de “Ursúa” (2005) y tres de “El país de la canela” (2008), una buena temporada recorriendo el tema sobre el Siglo XVI y la Conquista de América que terminará en tres años más, cuando presente: “La serpiente sin ojos”.


– Hace tres años presentó “Ursúa”. ¿Cómo siente el proceso que tuvo esta obra?

Quedé muy contento. No esperaba que tuviera una recepción tan entusiasta en Colombia porque no es una novela fácil, cuenta muchas historias, es muy densa en la narración y le hace al lector ciertas exigencias de tipo histórico y geográfico.

En América ha tenido buena circulación, en España apenas salió hace cuatro meses, pero para mí sorpresa ha gustado mucho en Francia.


– ¿Qué descubre de la leyenda de “El país de la canela”?

Que los conquistadores buscaban algo más que oro y canela. Estaban en búsqueda de sirenas, centauros, gigantes y amazonas. Un montón de cosas que habían perdido en sus tierras, por eso viajaron a América, para volver a creer en ellas.

Una época codiciosa, pero fantasiosa; en la que se actuaba mucho, pero se soñaba de igual forma. Ellos no conocían la frontera de la realidad y la fantasía. Por eso no me extraña que años después surgiera el Quijote, producto de un siglo de aventuras españolas en las nuevas tierras, lo que sin duda le aportó a la obra de Cervantes, porque, en parte, muchos de los conquistadores eran quijotescos.

Hay que advertir que no eran seres buenos como Don Quijote, pero Cervantes se concentró en el espíritu aventurero y en el creer. De ahí que muchas de las historias que comenzaron en el Siglo XVI aun no terminen.

– ¿Cómo contar una historia que han intentado ocultar?

Se conocen las proezas y los viajes triunfales por el Amazonas, pero no la que tiene que ver con la canela, con todas las atrocidades que ocurrieron en la selva. Al ser una historia menos admirable, de fracaso y sombría, el lado oscuro de la Conquista, había mucho interés por ocultarla.

He tratado de recoger el conjunto de relatos e intentar armar una sola historia.

– ¿Fue la parte más difícil de la trilogía?

Lo que leemos en esta novela es básicamente el esfuerzo de un hombre por convencer a otro que no vaya a la selva, donde él ya estuvo. Así, yo necesitaba conocer los detalles del proceso de las penalidades por la selva y la poca riqueza que encontraron.

La juventud de Ursúa, tema de la primera novela, estaba oculta, pero existían algunos relatos e incluso la historia posterior, la cual relataré en “La serpiente sin ojos”, donde se conoce la la muerte de Ursúa y la rebelión de Lope de Aguirre, ha sido más contada que “El país de la canela”.

Muchos hemos visto la película “Aguirre, la ira de Dios”, que cuenta el desenlace de la historia de las expediciones por el Amazonas, pero no se conoce todo el contexto, el cual le da una dimensión trágica y de epopeya mucho mayor.

– ¿Por qué tanto interés en la historia de esa época?

Es interesante hacer el esfuerzo por imaginar América hace cinco siglos, cómo fue el choque entre las civilizaciones americanas y la europea que llegaba.

Creo que la pregunta por el siglo XVI es una pregunta por lo que somos nosotros hoy. No sólo en Colombia, sino en toda América Latina tenemos una necesidad de reconstruir nuestra memoria histórica y literaria.

– ¿Se ha intentado responder esta pregunta desde la literatura?

No de la mejor forma. Hemos crecido fascinados por la literatura europea y convencidos que las historias maravillosas ocurrieron allá. Hoy en día hay autores que siguen tratando de ser europeos.

Siento que aquí han pasado historias maravillosas por contar, creo que la literatura aún no se ha interesado por la mina de oro que es nuestra historia.

– ¿Y el Amazonas?

La pregunta por el Amazonas está muy viva. En este momento no hay un sólo ser humano en el planeta que no tenga el deber de preguntarse por el Amazonas, el último refugio natural, el cual lleva siglos de depredación y saqueo. De lo que pase con el Amazonas dependerá el destino de la especie. Por eso, cuando hablamos del Siglo XVI, estamos hablando de nuestro presente y futuro.


– ¿Tendrá un significado especial la presentación de esta novela en Perú y Ecuador, territorio donde se desarrolla buena parte de la historia?

Yo espero que tengan un interés especial. Estuvimos presentando “Ursúa” y se había generado una atención especial.

A veces se piensa que esta historia, que se conoce tan poco en Colombia, es mejor conocida en Perú o Ecuador. Yo he descubierto que no es así. Algunos especialistas la saben, pero no todos, y quienes la saben, están interesados en esta nueva mirada.

Otras pasiones

– En medio de este ambicioso proyecto literario. ¿Queda tiempo para la poesía y el ensayo?

Siento la necesidad constante de la poesía. Es imposible imaginar un mundo si no viene la poesía en nuestra ayuda, si no existe la posibilidad de ciertas metáforas, de ciertas imágenes, de ciertos recursos verbales que ayuden a recrear un mundo tan complejo, y en este caso, tan nuevo como el mundo americano.

Sigo escribiendo ensayos y dentro de “El país de la canela” hay mucho de poesía y ensayo.

– Luego de esta trilogía. ¿Desea continuar con el género de la novela histórica?

Hay muchos episodios de nuestra historia que me gustaría contar, pero seguramente a este ritmo serán realmente pocos los que logre llevar a la novela.

La vida de Gonzálo Fernández de Oviedo merecería una novela propia. También historias del siglo XVII y XVIII, incluso me tienta escribir una novela sobre La Ilustración.

Siempre surgen muchas ideas y muchas posibilidades, pero el deber de un escritor es tratar de no hacerles caso a las ideas, porque ellas se deben imponer de tal manera que uno no pueda luchar contra ellas y simplemente toque escribirlas.

Autor: Sergio Villamizar D.
Fuente: El Liberal

Elías Meana presenta ‘Aventura en el mar helado’

Posted in General with tags , , on Octubre 29, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

“Aventura en el mar helado” transcurre en el mar de Weddell. Entre sus hielos se desarrollan las dos historias de las que el autor se vale para mostrar la cara y la cruz de lo que acontece en la Antártida.

A través de la trilogía de libros juveniles El Piloto Azul, Elías Meana quiere divulgar el amor y respeto a la Antártica, defendiéndola como bien preciado para toda la humanidad y denunciando el turismo masivo, así como las aventuras sin sentido de la mayoría de las expediciones.

El hombre, desgraciadamente, no sólo acude a trabajar a aquel remoto lugar del planeta en beneficio de la ciencia, sino que muchas veces crea situaciones que repercuten en el día a día de los hombres y mujeres que allí viven impregnados de lo que se ha dado en llamar el “espíritu antártico”, esencia de las mejores virtudes humanas.

Como en los títulos anteriores, el “Piloto Azul”, actúa en compañía de sus inseparables compañeros de aventuras: la skua Rascasota y el lobo marino Do Pelos. A la cita, no falta su buena amiga Anne Marie, la joven e intrépida piloto de helicóptero, a la que en esta oportunidad se une Guillermo, un niño de doce años vivaz y despierto, que viaja a bordo de un barco del que su padre es el capitán.

Elías Meana ( Salamanca 1.946) es oficial de radioelectrónica de la Marina Mercante (Facultad Náutica de Barcelona. Profesor del Centro de Formación del Colegio de Oficiales de la Marina Mercante Española (COMME).

Duraste siete años, ejerció su profesión a bordo de diferentes buques. Posteriormente, ingresó en el Servicio Marítimo de Telefónica, y tras su paso por los puestos de operación de las estaciones costeras, se incorporó a la jefatura del Servicio, donde tuvo a su cargo la operación y el desarrollo de la red de estaciones costeras.

Entre las tareas que llevó a cabo, cabe destacar su aporte a la implantación de la red NAVTEX española, así como a la del Sistema Mundial de Socorro y Seguridad Marítima (SMSSM).

En diferentes ocasiones, fue Delegado ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y también ante otros organismos competentes, en lo que a las radiocomunicaciones se refiere.

En 1.983 y a bordo de la goleta Idus de Marzo, participó como tripulante durante la primera expedición española a la Antártida. Más adelante, en 1-986, fue uno de los cuatro técnicos que construyeron la base Antártica Juan Carlos I, y al año siguiente fue nombrado jefe de la misma. Durante varios años, siguió colaborando en tareas logísticas con el Programa Nacional Antártico.

En los últimos años, con el fin de dotar a misioneros y organizaciones no gubernamentales, ha desarrollado y llevado a cabo varios proyectos de radiocomunicaciones en el Africa Central.

Aparte de los manuales e instrucciones de operación que a lo largo de su vida profesional ha elaborado, incluida una publicación sobre radiocomunicaciones dirigida expresamente a misioneros y cooperantes, es coautor del libro de carácter profesional “El operador general del sistema mundial de socorro y seguridad marítima”.

En el puro ámbito literario, fue el ganador del premio “Nostromo” en su segunda edición (1.998), con su novela “María la Bonita”. Desde entonces, ha publicado otras cinco novelas: Tres de narrativa marítima (“Ganando Barlovento”, “Capitán de fortuna” y “Entre dos banderas”) y dos de narrativa juvenil, inspiradas en su vivencia antártica (“El piloto azul” e “¡Intrusos!”).

Fuentes: Radio Molina, Murcia.com

El vuelo en la oscuridad

Posted in General with tags , , , , on Octubre 25, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

El investigador inglés John Stape ha logrado, en Las vidas de Joseph Conrad, una biografía minuciosa y veloz del autor de Lord Jim. El único detalle ausente en la narración es la literatura. Sin embargo, ese retrato exhaustivo permite observar la alquimia que convierte una peripecia real en el oro de una obra memorable

En un rincón del norte de Inglaterra cuando aún no era Inglaterra sino un caleidoscopio de aldeas con nombres de invasores germanos, en un palacio del seiscientos de nuestra era, una noche de viento y nieve, el monarca y sus nobles, en círculo alrededor del fuego, escuchan una historia. La cuenta un mensajero que ha cruzado el mar, el hielo, las tormentas, para traer al rey esa historia junto con un reclamo que exige una respuesta.
El mensajero, que habla a guerreros cansados en cuarteles de invierno, a jefes que en los últimos veranos han perdido sus mejores cartas en el juego sangriento del poder, hecho de saqueos y de matanzas, dice que su historia trata de una verdad, la de un dios único y victorioso en todas las batallas, las de la tierra y las del cielo. Narra, confiado, extrañas aventuras de ese dios en países aún más extraños que están del otro lado del océano. Finalmente enumera los bienes concedidos a quienes dejaron atrás las creencias paganas, los falsos ídolos que se derrumban cuando los toca el infortunio. Nombra reyes y cortes cercanas que veneran a este joven dios muerto, resucitado y todopoderoso, su señor, que hoy gozan de paz y de prosperidad, de riqueza y de fama, porque han aceptado jurar la nueva fe. El mensajero es modesto y elocuente.
El rey duda. Ya ha escuchado esa historia, de lejos, como golpes de remos en el agua, de naves avanzando en la niebla, pero ahora le piden que se suba a una de ellas y la comande. Que cambie el rumbo, que traicione a las deidades de Asgard y el Valhalla, héroes de un cósmico tablero de ajedrez del que rodarán las piezas el día final, en la mitad de un juego, como fue prometido. Duda mientras piensa en su gente, todos iguales, él también, bajo la autoridad de los antiguos dioses, iguales a ellos salvo en la eficacia de la magia, que en estos días declina y consiente las derrotas. Entonces consulta a su viejo sacerdote, que está presente y no ha dicho una palabra. ¿Debe o no entregarse a esta nueva religión? “Sí –responde el sacerdote–, quizás el mensajero esté diciendo la verdad, quizás ese joven dios sea más poderoso que los nuestros, porque no tenemos certeza de la vida más allá de este mundo. Somos –dice el anciano– como un pájaro que vuela en la oscuridad y el frío de la noche, que entra por una de las ventanas del palacio, que durante un momento atraviesa la luz y el calor, y luego sale por otra ventana, de regreso a la oscuridad y al frío.” El rey se convierte al cristianismo.
Recordé esta crónica medieval inesperadamente, mientras cerraba un libro que había terminado de leer y que no guarda la menor relación con historias de santos o de religiones. Es una nueva biografía de Joseph Conrad escrita por un profesor e investigador inglés, John Stape. El título, Las vidas de Joseph Conrad, ya promete al lector una curiosa vuelta de tuerca al mecanismo biográfico tradicional: el autor de Lord Jim no tuvo una sola vida sino varias. Para documentar esta tesis, se utilizará un flamante tesoro de correspondencia y de diarios privados que se han ido abriendo en los últimos años, con datos no accesibles en décadas anteriores. El prólogo advierte que toda biografía de un gran escritor contiene ficciones creadas por el testimonio poco confiable de quienes lo trataron, omisiones y fantasías circunstanciales a las que se suma el aporte imaginativo del escritor cuando debe contarse a sí mismo, como lo hizo Conrad en su Crónica personal, inexacta en fechas, lugares y viajes. Ahora, gracias al reciente aluvión de documentos e investigaciones, se podrá separar la ficción de la realidad, bajar a tierra al Conrad mítico y obtener un retrato fiel de esa personalidad reticente y esquiva que ha eludido a sus admiradores.
En términos de una biografía tan ambiciosa, la de John Stape es breve. Menos de 600 páginas en un volumen de tamaño mediano que incluye fotos, bibliografía, notas y mapas. Y, sobre todo, veloz. La vida de Conrad, singular, aventurera y romántica en comparación con el modelo del escritor clavado a un escritorio, pasa como un tren bala desbordante de datos: toda la infancia, adolescencia y juventud del marino Jósef Teodor Konrad Korzeniowski, aristócrata nacido en Polonia en 1857, que adoptará en Inglaterra el nombre de Joseph Conrad; todo sobre el capitán Korzeniowski y los viajes en los mares del Sur que darán ambientes y personajes para su obra; todo el Conrad escritor, casado, con dos hijos, y el círculo de sus amigos y colegas; todos los detalles de un Conrad ya prestigioso pero no popular. Por último, todos los pasos de Conrad y la fama.
Aun para quienes hemos leído las biografías más conocidas, la clásica de Zdzislaw Najder, la de Jocelyn Baines, entre otras, o las memorias caseras de Jessie Conrad, la de Stape resulta fascinante por un arte menor: la concisión. Una suerte de milagro periodístico que resume una vida entera sin dejar suelto un solo cabo. Salvo, ay, la literatura de Conrad, que flota a la deriva, siguiendo sólo el curso de los hechos. Un lastre que el biógrafo ha soltado deliberadamente de su narración, para aligerarla y dotarla de esa velocidad asombrosa con que recorre años, países, mares, idiomas, guerras, aventuras, enfermedades, amigos, enemigos. A la mitad del libro, me pregunté dónde estaban la imaginación, la humanidad, la íntima grandeza de Conrad, que han dejado una marca indeleble en quienes lo leyeron. Apenas retenía una escena que, por insólita, me divirtió mucho: Conrad en un encuentro con J. M. Barrie, el autor de Peter Pan; había hablado tan exaltado, los ojos negros centelleantes, “como un terrible pirata a punto de abordar un barco”, escribió Barrie, que le inspiró el personaje del Capitán Garfio.
Pero el impacto de una lectura nunca es aparente ni inmediato en su totalidad. Cada libro leído, bueno o malo, es único en el presente pero a medida que transcurre el tiempo se une al cuerpo de la memoria, que acumula y mezcla impresiones y juicios, lecturas vulnerables, como nosotros mismos, a la idolatría o la injusticia. Y sin embargo, leer construye en la inestabilidad del recuerdo un mundo propio de asociaciones independientes de nuestra voluntad, como un castillo en el fondo del mar, misterioso y sin dueño, que guarda verdades no percibidas en la superficie, que las revela cuando uno menos lo espera, cuando uno cae en esas aguas profundas por accidente o por azar. En mi caso, por una biografía de Conrad que excluye su literatura, que se refiere a la escritura como un oficio en que las lides habituales, el trato con editores y agentes literarios, las fechas de publicación, las ganancias detalladas hasta la última libra tienen más relevancia que la obra.
Terminé el libro, lo cerré y me sorprendí pensando qué hubiera dicho Conrad de aseveraciones como ésta: “Escribir no debió carecer de aventura para él”, frase que rebaja una intención artística que le costó años de indiferencia pública a un crucero de turismo. O sobre el terrible viaje al Congo en 1889, que dio uno de los relatos más extraordinarios en lengua inglesa, El corazón de las tinieblas, donde efectivamente y documentado en registros oficiales, Conrad estuvo a punto de morir, perdió la salud y, para siempre, la carrera de marino con que se ganaba la vida: “No fue la pesadilla que cuenta”. ¿Qué hubiera dicho? Cómo saberlo.
No creo en fantasmas, así que Conrad no se me apareció, ni indignado ni escéptico ni complaciente, a darme una respuesta. Pero sí creo que la literatura es el fantasma de una memoria universal, fantasma de recuerdos de recuerdos anudados en el hilo del tiempo, que se muestra y habla a poetas, lectores y escritores en distintas formas y lenguajes pero sin perder su identidad, su sentido de pertenencia a todo lo humano, lo fugaz, lo inasible de nuestra existencia en este mundo. Y ese fantasma, salido de un antiguo texto eclesiástico, tomó la voz de Conrad y dijo con el tono de sus mejores libros: “Somos como un pájaro que vuela en la oscuridad y el frío de la noche, que entra por una de las ventanas del palacio, que durante un momento atraviesa la luz y el calor, y luego sale por otra ventana, de regreso a la oscuridad y al frío”.
Durante el resto del día, esas palabras escritas hace unos mil trescientos años me siguieron obstinadamente, como campanadas lejanas que repicaban en el nombre de Conrad. Ya era de noche cuando entendí la conexión entre el relato medieval y una biografía de este siglo. Del primer texto, nos llega la visión de un mundo hostil, aislado en el invierno, en que la soledad, la tristeza y la incertidumbre se expresan en la espléndida metáfora del pájaro que vuela a oscuras en el frío, sin pasar más que brevemente por la luz y el calor. Del segundo, el propósito de mostrar al escritor separado de la obra, como si vida y obra pudieran cortarse de un tajo, que da un retrato en que el escritor es irreconocible y el hombre, si aceptamos la dualidad, una caricatura hecha de manías, de nervios, de caprichos. Pero paradójicamente, la detallada información de cada uno de sus movimientos, la transcripción minuciosa de viajes, cartas, opiniones y críticas, las erráticas interpretaciones sobre su carácter revelan, sin querer, por ausencia, una conmovedora pintura de Joseph Conrad y de los temas de sus libros. Una vida de lucha en un mundo que siempre le es hostil, una conciencia de su soledad en la vida y en el arte, el vuelo a oscuras en busca de una luz, la digna aceptación de la incertidumbre como uno de nuestros rasgos invariables.
“A lo largo de su vida había comprobado que muchos hombres buenos (marinos y de los otros) se hundían bajo el peso de la pura mala suerte, y había aprendido a reconocer los síntomas fatales”, piensa el protagonista de La soga al cuello. Conrad también ha adquirido esa experiencia. “Con tanta regularidad el pobre diablo se atascaba en un recoveco de la costa que hubiera sido injusto achacar esa perpetua encalladura a su atolondramiento”, escribe. Las peripecias de una vida se translucen en este fragmento. Mala suerte que desequilibraba la buena tuvo Conrad, y en cantidades asombrosas.
Con una infancia desdichada en una Polonia sometida a la tiranía rusa, arrastrado de un sitio a otro por las ideas revolucionarias de su padre; compartiendo, a los cuatro años, la prisión de sus progenitores en una suerte de campo de concentración donde la temperatura invernal llegaba a los 45° bajo cero; huérfano a los once, criado por una abuela, luego protegido por un tutor, embarcado en la carrera de marino a los quince, emprende un viaje incesante. Viaje que encalla regularmente en distintos tipos de fracaso, ya sea en las playas más remotas del mundo o, cuando se ha instalado en Inglaterra, en las casas que alquila y abandona en una constante mudanza, en las idas y venidas de Europa en busca de un clima tibio que lo mantenga sano y en el que pueda escribir. Porque si de niño era frágil, a los cuarenta la enfermedad lo sigue como su propia sombra: gota, reumatismo, fiebres, malaria y la melancolía que acompaña a la invalidez. Su pésima salud y la imposibilidad de encontrar un puesto en un barco lo deciden a ganarse el pan escribiendo. No es una decisión atolondrada. La buena suerte llega en la demanda de nuevos autores para la ficción por entregas y Conrad ya había escrito el borrador de una novela, La locura de Almayer. Publica y la crítica es estimulante. Pero la mala suerte reaparece, imprevista. Conrad es un escritor lento. “Se toma demasiado tiempo –rezonga un crítico de entonces– para tapar la acción bajo una montaña de palabras.”
El terror de la página en blanco lo entienden fácilmente incluso quienes no escriben. Pero la angustia de la lentitud nunca aparece sin una broma o un sarcasmo sobre el escritor que la sufre, aunque las lentas páginas logradas sean maravillosas. En el caso de Conrad, esa lentitud, que de hecho no era más que coherencia con su estética, la de no someterse a las exigencias de un mercado que pedía historias entretenidas y sin vueltas, la de encontrar la forma y el tono justos para cada narración, consistía en alargar capítulos, en no respetar las fechas de entrega porque se le había ocurrido un argumento nuevo, otro punto de vista. Para un escritor cuyo único ingreso de dinero provenía de sus ficciones, ser lento no era un defecto cualquiera, era una circunstancia trágica; y la tensión de no poder cumplir con un contrato, una revista o una editorial le amargó la vida. Anclado a su escritorio, veía con horror de sí mismo cómo sus colegas y amigos, H. G. Wells, John Galsworthy, Henry James, pasaban de un libro a otro con mágica velocidad, entre las distracciones de la vida social, las cenas, los amores, los divorcios, mientras él encallaba en una página o lo inmovilizaba la fiebre o un ataque de gota. En el mejor momento de Lord Jim, cuando el dolor en la muñeca le impedía sostener la pluma, se colgó un peso de la mano para afirmarla y continuar. No es extraño que sus cartas rezumen una inseguridad que raya en el pánico. “Desde el pasado junio he estado bastante bien. Sólo cabe contar la falta de agilidad. El sentimiento de que el juego ya no vale la pena. Condenado a jugar, persisto como una araña desilusionada tejiendo en medio de un vendaval.” “En el curso de un día laborable de ocho horas escribo tres frases, que borro antes de levantarme de la mesa, desesperado.” Y sin embargo, de esta desesperación surgen, en poco más de un año, entregas de Lord Jim que está por completarse, cuentos como “Juventud” y el magistral “relato africano” El corazón de las tinieblas.
La buena suerte, empujada por el genio y la voluntad, es para Conrad tan excepcional como la mala. Extranjero, de profesión marino, sin contactos en Inglaterra, encuentra en el primer paso al agente literario ideal, el que soñamos todos los escritores: Edward Garnett, un joven culto, sensible, de paciencia infinita, que cree en su talento, que no sólo se ocupa de estimularlo sino que a lo largo de años pagará las deudas de Conrad y los interminables adelantos, un amigo que siempre interviene para salvarlo de las permanentes catástrofes, que escucha y entiende, sin quejarse. Otra racha increíble de suerte es el aplauso inmediato, el reconocimiento de escritores ya consagrados como Wells y James, de Edmund Gosse y de la crítica más prestigiosa, de filósofos como Bertrand Russell y otros intelectuales. Sabemos que los círculos literarios no son precisamente generosos, menos con un recién llegado, para colmo polaco y sin antecedentes académicos, y emociona la admiración, el apoyo público y privado que recibió Conrad de los autores más importantes de Inglaterra. Este mundo difícil y siempre esquivo le abrió los brazos desde el primer momento; los lectores, en cambio, miraban hacia otro lado. Los libros de Conrad se vendían muy poco. No gustaba el estilo, la prosa, la sutileza del lenguaje, las reflexiones sobre la vida, la muerte, el azar, la complejidad de la existencia. “Demasiado literario –se diría hoy– para un contador de historias.” Sin el soporte del leal agente, de editores con visión de futuro, de la admiración nunca menguada de sus brillantes colegas, quizá Conrad no hubiera sobrevivido a la oscuridad. Le iba tan mal que buscó un puesto en algún barco. Por buena suerte, esta vez para nosotros, sus lectores, no lo consiguió: había envejecido junto con los barcos que sabía tripular, los elegantes clippers de vela reemplazados por el barco de vapor, y se pedían jóvenes expertos en estas nuevas máquinas.
La fama le llegó desmesuradamente, trayendo consigo también una desmesurada fortuna (notas sueltas y manuscritos de Conrad eran comprados por coleccionistas al precio de caras joyas), cuando la imaginación del escritor se había vaciado del todo y su cuerpo perdía las últimas fuerzas con una novela menor en cuyo título parece resumirse el destino de Conrad: Azar. Murió repentinamente, de un infarto, solo en su dormitorio, en agosto de 1924. Tenía 67 años.
A un siglo y medio de los días en que el capitán polaco Jósef Teodor Konrad Korzeniowski hizo virar el rumbo de su vida marina a la del escritor en lengua inglesa con el nombre de Joseph Conrad, su obra, que siguió la ruta invariable de las grandes obras literarias en el curso del tiempo, costeando el olvido, esquivando modas y desdenes, refugiándose en pequeñas islas de lectores, bella y dúctil en la tormenta como uno de los barcos de vela de sus libros, reaparece en triunfo, multiplicándose en nuevas ediciones, nuevas antologías. Los relatos de Conrad han dado al cine films inolvidables: de denuncia sobre el horror del imperialismo en Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, o de ironía trágica en Los duelistas, de Ridley Scott, tan conradiano que llamó Nostromo a la nave espacial de su película Alien y usó el recuerdo, uno de los valores más significativos para Conrad, como prueba de la humanidad del androide de Blade Runner.
Del personaje que vieron sus contemporáneos en el hombre, el extranjero, el marino, el recluso, el noble de exquisitos modales o el manojo de nervios y de achaques, no quedan más que cartas, diarios y fotos; de la intriga de sus aventuras en un mundo casi desconocido entonces, sólo la impresión de que han sido superadas por muchos otros y con creces. Es en sus libros donde Joseph Conrad cobra vida, en la mirada centelleante y apasionada con que aborda el mundo y su gente, en la alta montaña de palabras que levantó del vuelo a oscuras de todo escritor, de la soledad, de la incertidumbre del futuro, en el breve cruce de una ventana a otra.

Autor: Vlady Kociancich
Fuente: La Nación

El arte del mínimo detalle

Posted in General with tags , , on Octubre 25, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

En una colección de relatos que exhuma con delicadeza la historia de diversos antepasados, a la que se suma otro volumen donde indaga las frustraciones femeninas, Alice Munro demuestra por qué está considerada una de las mejores cuentistas de la actualidad

La canadiense Alice Munro ha probado sobradamente la maestría con que maneja el cuento en textos como Secretos a voces, El amor de una mujer generosa y Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, ficciones que le han valido una sostenida candidatura al Premio Nobel de Literatura.
A diferencia de su compatriota Margaret Atwood, ponderada en el ámbito de la novela, Munro (1931), nacida en un pueblo rural de la zona de Ontario, se ha destacado, en la composición de sus cuentos, por el estilo y el refinamiento de los escuetos pero valiosos diálogos de los personajes. Febril lectora desde niña, aun en la modesta granja familiar, se casó muy joven, casi adolescente, y pronto tuvo tres hijos; vida hogareña que le significó varios años de silencio a su escritura. Tal como lo afirmó en más de una ocasión, en el ambiente que la rodeaba debió disimular sus expectativas literarias.
Es esa misma mujer recluida en el palacio doméstico la que surge una y otra vez en sus cuentos. Escapada explora la mediocridad casi ritual del matrimonio, la prematura ausencia de romanticismo en la pareja, la mezquindad de expectativas posterior a la crianza de los hijos y la infidelidad, siempre conflictiva. En sus historias, la autora no busca una respuesta esencial sino iluminar los matices de la conducta femenina a través de un dechado de pequeños incidentes que cobran espesor en la sucesión de un tiempo que los relatos recortan.
Munro delinea a sus mujeres mediante una sutil transparencia. El futuro de las protagonistas de Escapada, urgidas por encontrarse a sí mismas, no es sólo una ambigua promesa de erotismo y vitalismo, sino también una auténtica huida del desasosiego de los mandatos culturales. A veces, padres, maridos e hijos pueden quedar atrás en esa “escapada”, junto con el amargo sabor de los años entregados al cumplimiento del deber. Así como cada cuento es una fuga, a su vez cada fuga es un reencuentro con una intimidad olvidada, con lo mejor y lo peor del propio pasado, en el peregrino afán de reconstituir una identidad a través de sus despojos.
En el relato “Escapada”, ni la doliente complicidad de otra mujer insatisfecha es suficiente para que Carla huya del tormento. “Pasión” ubica a Grace en la absurda situación de que su infidelidad sea vista como una burla del destino. La abrumadora soledad de Delphine se vuelve desolación cuando comprende la trama oculta en la corta vida de su hija, en “Deudas”. La ya descreída Robin se endurece definitivamente, en “Desencuentro”, al padecer el desplante de un hombre a quien, sin darse cuenta, idealiza.
El sabor agridulce de la pasión, la reaparición del pasado, los pequeños instantes que revelan el horror conyugal son hebras temáticas que dan relieve y riqueza al tratamiento de lo femenino. El inolvidable personaje de Juliet sintetiza la propuesta de Escapada: nunca nos será posible comprender del todo las motivaciones ni los comportamientos. En algún punto, ni la infidelidad es traición ni la adultez es conciencia. Así, las mujeres de Munro, entre la pasión que nunca llega del todo y el tenebrismo de la reclusión, se convierten en criaturas especiales.
Los cuentos agrupados en La vista desde Castle Rock abordan, en cambio, la rica historia de una familia a lo largo de varias generaciones: la de la propia Alice Munro, que cuenta la azarosa vida de sus antepasados haciendo hincapié en la iniciática travesía del Viejo al Nuevo Mundo. De la observación ínfima al discurso histórico, el texto no es sólo una colección de relatos que puede leerse como una novela río. También se aprecia en él la minuciosa reconstitución de un punto de vista, una mirada propia, independiente de cualquier rigor historicista, que analiza y escruta el pasado para rescatar lo inquietante en lo trivial, lo especial en lo rutinario.
Desde el rincón olvidado de Castle Rock, en Edimburgo, un niño atravesado por sus propios sueños y los de sus padres vislumbra la posibilidad de conocer América. Pronto la familia se embarcará en la aventura hasta que, tras varios relatos, los antepasados de Munro se afincan cerca del lago Huron: un paisaje gélido, ventoso, en el que la pasión más intensa consiste en imaginar un futuro promisorio. Las generaciones y sus protagonistas se suceden, en narraciones casi siempre en primera persona. Toda la primera parte, “Sin ventajas”, que consta de cinco relatos, es el desventurado reverso de la gran aventura de la emigración y de la difícil adaptación a un mundo hostil por su condición agreste y por su rudeza climática. “Mi casa”, la segunda parte, compuesta por seis relatos, explora los vaivenes de la lucha y del incesante desafío en ese nuevo mundo a partir de los sinsabores de los quehaceres cotidianos, la cría de zorros, la metódica rutina del estudio y del trabajo.
El cuento que le da título a la segunda parte es una verdadera proeza estilística: los objetos de la casa son también las huellas de los seres que en ella habitaron, incluso de las pequeñas historias que sólo a través de la rememoración cobran sentido. En “Bajo el manzano”, triunfa el tono melancólico y, nuevamente, la descripción de los jardines y la vecindad de la propia casa se asimila a un trayecto introspectivo: la narradora destaca las percepciones de caminatas sin rumbo fijo, sólo para satisfacerse con el aroma de los pinos, los cedros, o para descubrir el sutil sabor de un arándano tomado al azar. En “Para qué quieres saber”, se erige el horror de la vulnerabilidad física en el contexto bullicioso de los años hippies, mientras que en el epílogo, “Heraldo”, la voz del pasado confluye con la del presente. En él, la narradora toma la palabra de aquellos que ha resucitado y, a la vez, ficcionalizado.
De ese modo, la vida de los que nos precedieron se encuentra marcada por la Historia: la Primera Guerra Mundial, el complejo vínculo de Canadá con los estertores del Imperio británico, los noviazgos y los matrimonios, la sorpresa de las imágenes cinematográficas, las fiestas, las enfermedades, los inevitables declives. Sin afán documental y con esmerada delicadeza, el texto busca el sentido de esas existencias a través de los rastros que dejaron. La figura final del heraldo que anuncia –y cierra– el recuerdo no es sino la metáfora del continuo fluir de la sangre que permanentemente se renueva. Corazón y sangre que otorgan vida al reencuentro inevitable con un pasado que sólo puede rescatarse desde el presente

Fuente: La Nación

Sherlock Holmes y la boca del infierno

Posted in General with tags , , , , on Octubre 25, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

El mejor detective del mundo parece haberse retirado y ahora se dedica a la cría de sus preciadas abejas. Aunque el regreso del brujo Aleister Crowley, decidido a usar el Necronomicón para traer de vuelta a la Tierra a un viejo mal capaz de destruir a la humanidad, le obligará a entrar nuevamente en acción

Rodolfo Martínez, un autor especializado últimamente en escribir pastiches holmesianos, escribió en su penúltima novela protagonizada por el personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle una narración muy personal que no se limita a seguir las líneas trazadas por el denominado “canon Holmesiano”.La novela tiene lugar después de Sherlock Holmes y las huellas del poeta y Martínez se dedica a en Sherlock Holmes y la boca del infierno a cerrar muchos hilos argumentales que no quedaron cerrados en su predecesora para, además, ir abriendo otros nuevos que seguramente serán cerrados en Sherlock Holmes y el heredero de nadie. Esto hace que la novela se sitúe temporalmente muy por delante de las novelas escritas por Doyle y le permite al novelista asturiano hacer una visión que, desde el respeto profesado por el autor hacia el personaje, resulta ciertamente desmitificadora y humanizante.Este Holmes envejecido tiene algunas diferencias con respecto al retratado por Doyle y en varias ocasiones, a lo largo de la novela, se nos muestra como un hombre capaz de demostrar sus sentimientos y pasiones, arrepintiéndose de algunos errores cometidos tiempo atrás. Quizá este hecho pueda chocar entre los más firmes seguidores de este personaje, pero sin duda es todo un acierto y un ejemplo de cómo podría hacerse evolucionar a un icono de un modo lógico y realista.En cuanto a la historia, Holmes vuelve a encontrarse con otros personajes históricos o ficticios, procedentes de la literatura, el cine o el cómic, y da gusto ver qué podrían hacer algunos de los mayores héroes de ficción de los últimos siglos, unidos en una improbable aventura. Por ejemplo, ahí sigue ese superhéroe de Kansas llamado simplemente Kent –por temas de derechos de autor- y que aquí cobra mayor entidad y definición, alejándose de la figura de “secundario de lujo” que recibió en Sherlock Holmes y las huellas del poeta. ¿Y qué consigue con estos mimbres “tomados de prestado” Rodolfo Martínez? Pues ni más ni menos que una excelente novela de aventuras con tintes fantásticos al estilo de los seriales cinematográficos de las matinés norteamericanas, donde prima más entretener al lector con el mejor producto posible que otra cosa.Por tanto, este Sherlock Holmes y la boca del miedo es una obra muy recomendable tanto para los aficionados a la obra de Conan Doyle, como a los aficionados de los cómics de superhéroes, como a quien únicamente desee entretenerse con una novela de entretenimiento inteligente.

Autor: Jose Luis Mora
Fuente: Dreamers

Los videojuegos aprenden de la literatura

Posted in General with tags , on Octubre 25, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

Cinco escritores españoles relacionan la narración de los nuevos títulos con Chandler o Lovecraft en el marco Getafe Negro

El festival literario Getafe Negro, que se celebra estos días en esta población vecina a Madrid, ha dado un paso original y valiente al incorporar en su programa al mundo del ocio electrónico. El plato fuerte ha sido una mesa redonda en la que cinco escritores españoles han estudiado la estructura narrativa de algunos de los videojuegos de última generación y la comparan a grandes autores de la literatura universal.

“Es un modelo narrativo contemporáneo y no podemos seguir dejándolo al margen”, ha asegurado David Conte, profesor de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la Universidad Carlos III, quien ha levantado una bandera a favor de que el ocio electrónico se incorpore dentro de los estudios académicos. “Lo que ahora llamamos séptimo arte también nació como una atracción de feria para ir derivando con el paso de los años a una forma de narración: no podemos ignorar eso”, ha mantenido Conte.

Este profesor ha hecho un repaso de la evolución de los videojuegos. En los primeros tiempos, los juegos carecían de historia y el jugador ejercía de simple “matamarcianos”. Poco a poco se fueron incorporando elementos narrativos: escenas entre pantalla y pantalla que desarrollaban un argumento (Donkey Kong, 1981), un guión trabajado y una forma de trabajar con los planos similar al cine (The Legend of Zelda: Ocarina of Time, 1998) o rasgos literarios propios del mismísimo Luigi Pirandelo como el metalenguaje que domina la historia de juegos como Super Smash Bros Brawl , según el análisis de Conde.

Fernando Marías, premio Nadal y autor de novelas como El niño de los coroneles, José Carlos Somoza, autor de La caverna de las ideas o La dama número trece, Elia Barceló (una de las escritoras más prestigiosas de ciencia ficción en castellano), Antonio Rodríguez Almodóvar (una de la máxima autoridades en cuentos tradicionales) y el mismo Silva han buscado similitudes entre manifestaciones literarias clásicas y algunos títulos como Hotel Dusk, No more heroes, Okami, Eternal Darkness o la serie Metroid.

Hotel Dusk y Raymond Chandler

Fernando Marías cree que ambos estilos narrativos comparten personajes desarrollados sobre una historia de fracaso, y en las que se presentan una división difuminada entre el bien y el mal.
“El protagonista, al que encarnamos, tiene motivaciones turbias que no acabamos de comprender, de las que incluso desconfiamos y vamos comprendiendo su historia poco a poco”, reflexiona Marías para quien otro de los puntos en común es que los personajes buscan la verdad. “De hecho todo Hotel Dusk es un juego de espejos donde la verdad no está clara”.
El autor también destaca la ironía y la ambientación que raya el surrealismo por lo decadente.
Okami y los cuentos maravillosos

Antonio Rodríguez Almodóvar destaca cómo este juego cuenta con “un fondo argumental extremadamente antiguo y complejo, como es el de algunas tradiciones míticas japonesas, notablemente ambiguas en varios puntos. Por ejemplo, la indefinición de género o el mismo carácter del protagonista.

El autor identifica el esquema triangular básico de estos cuentos y en la trama encuentra elementos de la tradición oral como la Hidra de Siete Cabezas, muchos bosques y cuevas y la reiterada presencia del número tres.

“El papel que el mismo jugador desempeña: enfrentarse a un viaje enormemente tortuoso que encierra una metáfora ecologista, acorde con una de las preocupaciones del hombre actual. Lo más antiguo, pues, se da la mano con lo más moderno”, concluye.

‘No More Heroes’ y Dashiel Hammet

Lorenzo Silva ve claros paralelismos en No More Heroes con novelas de Hammet como Cosecha Roja donde el horror se produce por acumulación. “Sin embargo, pese a que los muertos acaban por carecer de sentido, no se despoja del sentido trágico la muerte de personajes importantes”, reflexiona Silva.

También ve elementos comunes en la visión del elemento femenino como perdido. “Y de una perfidia sin tapujos. Las mujeres que aparecen son las mujeres fatales de Hammet: no te tienden una trampa sino que te manipulan abiertamente usando el sexo como arma”, opina.

‘Metroid’ y Heinlein

Juan Carlos Somoza ve en Metroid una aventura bélica donde no importa lo que ocurre dentro de la protagonista sino el combate que mantiene con otros y en la necesidad de supervivencia y victoria. “Este esquema equipara la temática del juego a obras tan heinleianas como Starship Troopers”, dice el autor.

El autor considera un acierto la visión en primera persona sumado a que el protagonista sea mujer. “La identificación de humanidad versus aliens resulta -al igual que la elección de Ripley en Alien- mucho más incisiva”, opina.

‘Eternal Darkness’ y Lovecraft

Elia Barcelo encuentra rasgos de la obra de Lovecraft en este videojuego basado en la estructura de “enigma-resolución de enigma”.

Todos los protagonistas son humanos racionales que se esfuerzan por mantener la cordura en su lucha contra la Oscuridad Eterna que traerán los Antiguos si no son derrotados.
“El sentido de lo ominoso, tan importante en la obra de Lovecraft, se mantiene muy bien durante todo el juego. Incluso cuando por fin vemos a los monstruos, a los Antiguos, se ha mantenido esa referencia a ciertas criaturas marinas que está presente en los textos lovecraftianos”, asegura Barceló.

Fuente: El País

Cinco escritores españoles analizan la narrativa en los videojuegos

Posted in General with tags , on Octubre 25, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

Se trata de una iniciativa del festival literario Getafe Negro.
Aparte de una mesa redonda, se ha organizado una exposición

Los videojuegos son ya una forma de ocio equiparable al cine, el teatro, la música o la literatura y, al igual que estas actividades, tienen un importante componente artístico y cultural. Con esta idea en mente, la Universidad Carlos III y el festival literario Getafe Negro han abierto sus puertas al mundo del ocio electrónico.

Cinco escritores españoles han estudiado el trasfondo narrativo de varios videojuegos para relacionarlos con la obra de grandes autores de la historia de la literatura, como Chandler, Lovecraft o Heinlein.

Los escritores Lorenzo Silva, José Carlos Somoza, Fernando Marías, Elia Barceló y Antonio Rodríguez Almodóvar han analizado la narrativa de cinco videojuegos diferentes y han expuesto sus conclusiones en el festival Getafe Negro:

Antonio Rodríguez Almodóvar y Okami

Este escritor y profesor sevillano nacido en 1941 es una de las máximas autoridades españolas en análisis de cuentos tradicionales y folclore de transmisión oral. Ganador del Premio Nacional de literatura infantil y juvenil de 2005, ha sido el encargado de estudiar los elementos narrativos de Okami, una aventura de Capcom que apareció para PlayStation 2 y Wii y que narra la historia de una diosa con forma de lobo.

“El juego bebe de la mitología y los cuentos japoneses, pero aun así se pueden detectar multitud de puntos comunes con los cuentos maravillosos españoles, con las historias de origen indoeuropeo. Hay una estructura básica que se repite, una estructura muy férrea y a la vez muy flexible”, explica Rodríguez Almodóvar.

“En Okami, como en los cuentos, se muestra el trasfondo psicológico de la humanidad: está el héroe, el antihéroe, el objeto mágico…”, añade el prestigioso escritor, quien considera que los videojuegos, lejos de apartar a los jóvenes de la lectura, pueden incitarlos a leer.
José Carlos Somoza y Metroid Prime.

El escritor de obras como La caverna de las ideas o La dama número trece, ha dedicado su análisis al videojuego Metroid Prime, una aventura de perspectiva subjetiva protagonizada por Samus Aran, una cazarrecompensas espacial.

Somoza, que se declara jugador de videojuegos, jugador de rol y aficionado a los cómics, asegura que lo importante para que un videojuego sea bueno es que te meta en la historia. “Metroid Prime muestra la acción en primera persona, desde los ojos de la protagonista. Eso ayuda, pero no es suficiente, es el guión lo que ayuda a que la aventura sea completa”, explica el escritor.
“Si quieres un juego de lógica pura, haces un sudoku y punto, pero creo que el camino de los videojuegos debe ser la narración. La narración permite asumir el rol de un personaje y vivir nuevas experiencias a través de él. Viajamos por vivir nuevas experiencias, incluso salimos a comprar el pan para experimentar la actividad de salir a comprar el pan, no sólo por la necesidad de comerlo. Los libros, las películas, los videojuegos… nos abren infinitas posibilidades de vivir cosas nuevas”, añade Somoza.

Elia Barceló y Eternal Darkness

Elia Barceló, una de las escritoras más prestigiosas de ciencia ficción en castellano, ha analizado las relaciones del videojuego Eternal Darkness con la obra de H. P. Lovecraft. La escritora destaca la ambientación. Acostumbrada a leer novelas de terror, asegura que el videojuego le ha puesto los pelos de punta en muchas ocasiones, con imágenes impactantes y sonidos sobrecogedores.

“El juego ha mantenido muy bien la idea de los secretos escondidos propia de Lovecraft, los misterios y terrores que no se ven” explica Elia. Aun así, “Eternal Darkness es un videojuego, así que muchos de los terrores que Lovecraft sólo insinúa, aquí se muestran en pantalla”.
Elia comenta varios recursos narrativos del juego que le parecen muy buenos: la repetición de los mismos escenarios en distintas épocas y a través de los ojos de diferentes personajes; el nivel de cordura, cuya pérdida se representa con efectos como la aparición de interferencias en pantalla; y el guión en sí mismo, que lleva al jugador a intentar impedir el regreso del mal (representado por unos dioses antiguos) a la Tierra, una misión generosa que hace sentir bien al jugador.

Lorenzo Silva y No More Heroes

Novelista ganador del premio Nadal, autor de obras como El alquimista impaciente o La flaqueza del bolchevique y comisario del festival Getafe Negro, Silva ha centrado su análisis en el videojuego de Wii No More Heroes, una aventura de acción que tiene mucho en común con la obra del escritor de novela policíaca Dashiel Hammett.

“El protagonista no se plantea la moralidad de lo que hace. Busca la obtención de un fin y no juzga ni si es bueno o malo ni los actos necesarios para obtenerlo. Además, no intenta maquillarlo ni con su pasado ni con las circunstancias”, explica Silva.”En No more heroes, como en Cosecha roja, la violencia es generalizada: el horror se produce por acumulación. Sin embargo, pese a que los muertos acaban por carecer de sentido no se despoja del sentido trágico la muerte de personajes importantes”, añade.

Otra similitud que señala Silva son los personajes femeninos: “Las mujeres que aparecen en el juego son las mujeres fatales de Hammet: no te tienden una trampa sino que te manipulan abiertamente usando el sexo como arma”.

Fernando Marías y Hotel Dusk

Premio Nadal y autor de obras como El niño de los coroneles, Fernando Marías ha analizado los elementos literarios del videojuego de Nintendo DS Hotel Dusk, una aventura gráfica con mucha influencia de cómic y de novela policíaca.

Marías señala muchos puntos que relacionan el juego con las novelas de Raymon Chandler: “individuos derrotados, en decadencia: personajes desarrollados sobre una historia de fracaso. División difuminada entre el bien y el mal. Incluso el protagonista, al que encarnamos, tiene motivaciones turbias que no acabamos de comprender, de las que incluso desconfiamos y vamos comprendiendo su historia poco a poco”.

“Todo Hotel Dusk es un juego de espejos donde la verdad no está clara”, explica Marías, indicando que “el estilo está elaborado en torno a la ironía, la frase ingeniosa y ácida con vocabulario de los bajos fondos (slang, expresiones callejeras…)”.

Autor Daniel G. Aparicio
Fuente: 20 minutos