Arxivar per Ulises

‘Ulisen Cai’, relato cuántico de la obra de James Joyce en Cádiz

Posted in General with tags , , , on Juny 10, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

La primera novela de Chencho recrea el ‘Ulises’ del irlandés en un ‘collage’ literario

“Yo no he escrito el libro; se ha escrito solo”. Chencho, que así se conoce en Cádiz a Florencio Ríos Brizuela, explica los pormenores de su primera novela, el centón gaditano Ulisen Cai, relato cuántico que recrea la obra de James Joyce, como éste hizo con la de Homero, y sitúa a Ulises en el corazón de Cádiz. Una odisea literaria de quinientas páginas configurada, mano a mano, entre el autor y 360 personas, la mayoría de ellos gaditanos, escritores, poetas, periodistas, a quienes se cita en las postrimerías de la aventura. Chencho, que a efectos gráficos se hace llamar Zócar, emplea la técnica del collage literario, como Borges o Cortázar, la fragmentación y defragmentación hasta convertir el caos en unidad.”Te vi cara de hambre”. Chencho vuelve a su tienda de libros usados de la calle Panamá -que rinde tributo a Joyce bajo el nombre de Un azul como el mar de Cádiz- y convida a café y palmera. Durante la charla entra otro ex trabajador del Diario como Chencho, quien pide libros de Teología. “Vuelve la semana que viene”, suelta el impar librero, pero su cliente se queda, el tiempo frena en seco. Y escucha elogios al prólogo de Rafael Ramírez Escoto, que se hace eco de las mil voces de Cádiz que colaboran en la novela sin saberlo. El libro consta de dieciocho capítulos, como Ulises, y cada uno de ellos se inicia del mismo modo que la novela original. A partir de ahí se produce la acausalidad, “las cosas son porque son y todo queda escrito”, y los textos seleccionados por Chencho durante años cobran vida en primera persona de Cádiz. Este gaditano, que no gadita, que por cierto ilustró la portada del suplemento conmemorativo de los 125 años de este Diario, traza paralelismos curiosos, la atmósfera de Cádiz es la Atlántida con más parados, por la novela desfilan personajes de ayer y de hoy, Chencho recurre al guiño, la retórica y el simbolismo, y acaso al monólogo interior que caracterizó al Ulises. A primera vista descontrolada, la obra adopta tonalidades distintas según avanza. El mismo autor reconoce que a lo largo de cinco años de gestación pasó por momentos duros. La propia vida de Chencho se antoja novelesca y única, así que el libro fue tomando color y Cádiz se transformó en una ciudad profunda y diversa o quizá se desdobló en varias hasta confluir en el mismo punto.El argumento-excusa presenta a un gaditano que vuelve de la tierra prometida, Castellón para más señas, y queda con su novia para contemplar el rayo verde en La Caleta, y ocurren cosas curiosas, y el pasado y el presente se citan con el porvenir de manera extraordinaria, y quien fuera alma e imagen de Raimundo, la librería de la que al fin se independizó Chencho, desentraña el juego literario que se transformó en sacrificio y agonía. “El libro me pesaba, nunca se acababa. Se trataba de dejar constancia de lo que fue Cádiz, un relato cuántico que maneja tiempos verbales diferentes en un mismo momento”.Los trescientos ejemplares de la primera edición van numerados y personalizados, de tal manera que el autor incluirá a los compradores en la segunda edición, a modo de agradecimiento y de rizar el rizo. El libro sólo está disponible en la tienda ubicada junto al cuartel de Varela. Chencho, ecléctico, audaz y expresivo, habla con su álter ego literario, se encaja en el universo gaditano que Joyce enfocó en Dublín y lo hace con escandalosa naturalidad. Textos de todas las hechuras (extractos de poemas, artículos o columnas) conviven en el lienzo de palabras, sólo hay que descubrirlos o, simplemente, dejarse llevar por la corriente alterna que el autor prende con su luz interior.

Autor: Enrique Alcina
Fuente: Diario de Cádiz

Sylvia y compañía

Posted in General with tags , , , on Abril 21, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

Ariel publica las extraordinarias memorias de la librera y editora Sylvia Beach, una figura imprescindible de los años dorados del París de entreguerras

Había llegado a París en 1917, procedente de los Estados Unidos, y dos años después abrió una librería cuyo nombre ha quedado unido al de la más famosa novela del siglo XX, que no habría visto la luz sin su generoso y osado patrocinio. Sylvia Beach fue y será siempre la editora del Ulises (1922), ese libro endiablado que cambió el rumbo de la narrativa moderna y sigue provocando hoy el rubor, la admiración, la sorpresa y el abatimiento de sus lectores, publicado contra viento y marea por una obstinada treintañera que padeció al insoportable James Joyce con tenacidad y paciencia sobrehumanas. Ahora se publican en España -aunque ya disponíamos de una edición bilingüe aparecida en las prensas de la Universidad de León- las extraordinarias memorias de quien fue llamada la santa patrona del experimentalismo, tituladas por la autora con el nombre de su mítica librería, que fue durante más de un cuarto de siglo el centro de la colonia de expatriados norteamericanos -la denominada Generación Perdida- y uno de los referentes culturales del París de entreguerras.El arte y la literatura de aquellos años aurorales no se entienden sin la labor de una serie de mujeres fascinantes que actuaban como anfitrionas, editoras, traductoras, mecenas, intermediarias y embajadoras, en primer lugar de la pionera y también norteamericana Gertrude Stein, la madre del modernismo. Apoyada por Adrienne Monnier, que regentaba el Hogar de los Amigos del Libro, el proyecto primero de Sylvia Beach fue abrir en Nueva York una suerte de franquicia dedicada a la literatura francesa, pero las dificultades materiales del proyecto hicieron que reorientara su iniciativa en sentido inverso, y de ese modo Shakespeare and Company inició su andadura como librería americana en París, al principio situada en la rue Dupuytren y luego en la vecina rue de l’Odéon, muy cerca del establecimiento de su gran amiga. Las fotografías y los testimonios de los visitantes hablan de un lugar consagrado, ésa es la palabra, al culto de la literatura, con mobiliario antiguo comprado en el popular mercado de las pulgas y retratos de escritores -incluidos los contemporáneos, por los que Sylvia sentía especial interés- colgados de las paredes, como un sancta sanctorum de obligada visita por los años en los que aún la ciudad del Sena era la capital cultural del mundo.Las memorias, luego de un breve preámbulo familiar, cubren el itinerario de la librera y editora desde su llegada a París hasta el cierre de Shakespeare and Company en 1941, a comienzos de la ocupación, poco después de que ella se negara a vender una edición del Finnegans Wake a un oficial alemán. Luego, tras la entrada de los aliados -Beach cuenta cómo fue el propio Hemingway, en fantochada muy del gusto del veleidoso hispanófilo, el que liberó el local de la librería, antes de hacer lo propio con el bar del Ritz-, pese a la insistencia de los amigos, el ya entonces legendario establecimiento nunca reabrió sus puertas, aunque ella permaneció en París hasta su muerte. Su labor fue excepcional, de ahí la admiración que le profesaron escritores como Gide o Valéry o Eliot o el mencionado hispanófilo. Pero lo de Joyce es caso aparte. El genio irlandés no era, como les ocurre a muchos grandes artistas -no hay más que recordar el comportamiento incalificable del propio Hemingway con su antiguo valedor Scott Fitzgerald-, lo que se dice una persona agradecida, pero hoy sabemos que la aventura del Ulises y su proyección ulterior no se explican sin el esfuerzo y la convicción visionaria de esta mujer admirable, sin la que el talento de un autor como pocos egoísta y ensimismado no habría trascendido la devoción de su círculo de seguidores. La propia Beach, que se muestra elegante y discreta al respecto, transcribe los versos burlescos, inspirados en Shakespeare, con los que Joyce celebró la publicación de su novela: ¿Quién es Sylvia? ¿Cómo es? / ¿Por qué la alaban todos nuestros escritores? / Es una joven y valiente yanqui / que, llegando desde el oeste, ha conseguido / que todos los libros puedan llegar a publicarse… Desde luego lo logró en el caso del suyo, e independientemente de la opinión que uno tenga de esa obra desmesurada, lo cierto es que el heroico proceso de redacción y publicación, relatado por su instigadora, es uno de los episodios más hermosos de la historia de la edición y de la literatura.

Autor: Ignacio F. Garmendia
Fuente: Diario de Sevilla

Chagall y Ulises

Posted in General with tags , on febrer 16, 2008 by Biblioteca Plaça Europa

Me comentó Juanita Bermúdez, directora de la Galería Códice, que la Fundación Ortiz Gurdián “va a presentar una exposición de las ilustraciones (grabados) con las que Marc Chagall ilustró La Odisea, en 1974, en París. Son 40 ilustraciones a color y hay también dibujos en negro. Están ilustrados los 24 cantos. Esta edición francesa fue dividida en dos tomos: uno, del canto 1 al 12; y el tomo dos, del canto 13 al 24”.
Agrega Juanita Bermúdez la información de que la exposición será del 19 de febrero al 14 de marzo; y que los textos que acompañarán a los grabados de Chagall fueron escritos por la doctora María Dolores Torres, “quien hizo una hermosa interpretación de los cantos y las ilustraciones”. Y me dice, Juanita, que tal vez yo quiera “refrescar algo de La Odisea” en esta columna.
Por supuesto que quiero, pues La Odisea, calificada por los expertos como la obra de madurez de Homero —La Ilíada sería su obra de juventud—, es precisamente el alma de la mitología clásica, griega y romana; y es, de hecho, según el escritor español Javier Reverte, la primera novela de aventuras en la historia de la literatura universal.
Pero antes quiero decir algo sobre Chagall, el genial artista de la pintura, grabado y dibujo, quien él mismo es una leyenda, un mito cultural como las leyendas y personas a los que cantó Homero tanto en La Ilíada como en La Odisea.
Marc Chagall nació en Vitebsk, Bielorrusia, en el año de 1887, en el seno de una familia judía. Desde niño dio muestras de su genialidad artística en el dibujo y la pintura. Cuando triunfó la revolución comunista bolchevique, a fines de 1917, Chagall tenía 30 años y era ya un artista consumado y reconocido, que había viajado a París para estudiar pintura y montado una exposición de sus obras en Berlín.
Como muchos artistas e intelectuales, Marc Chagall simpatizó con la revolución comunista, creyendo en su mensaje de redención de los oprimidos y su promesa de establecer el reino eterno de la igualdad y de la libertad. Chagall fue nombrado responsable de Bellas Artes en el Comisariado (Ministerio) Popular de Instrucción Pública, y luego, el propio Comisario (Ministro) Anatoly Lunacharsky, lo nombró (a Chagall) Comisario de la Escuela de Bellas Artes de Vitebsk.
Por diferencias de enfoques culturales Chagall renunció a su cargo en 1920 y se trasladó a Moscú, donde se le encargó la decoración del Teatro de Arte Judío. Y dos años después, o sea en 1922, Chagal se marchó a Berlín. Un año más tarde se fue a París y en 1924 se instaló con su familia en Normandía.
Chagal murió en 1985, o sea que vivió 98 años pero hasta en la ancianidad mantuvo su capacidad y talento creativo. Basta señalar al respecto que las ilustraciones de La Odisea las hizo en 1974, o sea cuando tenía 87 años de edad. Además de La Odisea, Chagall ilustró la Biblia; Las Mil y Una Noches; Las Fábulas de (Jean de) la Fontaine; y Las Almas Muertas, de Nicolás Gogol, entre muchas obras más.
Chagall se nacionalizó francés en 1937, pero regresó a Rusia en 1973 aunque no quiso visitar su natal Vitebs. Y murió en 1985, en la localidad de Saint Paul de Vence, en la Costa Azul francesa, refugio de muchos grandes pintores, escritores, cineastas y estrellas de cine, de Francia y de todo el mundo

Autor: Luis Sánchez Sancho
Fuente: La Prensa

Vargas Llosa es Odiseo

Posted in General with tags , , , , on Desembre 17, 2007 by Biblioteca Plaça Europa

‘Odiseo y Penélope’ es una obra de teatro del narrador peruano, basada en el texto de Homero

Mario Vargas Llosa es ante todo un narrador. Y aunque novelista por antonomasia, cronista por afecto al periodismo, hoy, por necesidad en tiempos lejanos ya, el relato no fue su primer amor.
Todavía en el colegio, el escritor preparó un libreto teatral sobre un tema patrio, que sus compañeros llevaron a escena. El cosquilleo ante ver sus palabras encarnadas y el aplauso del público le dejaron sembrada una semilla que ha demorado décadas en germinar y florecer.
El año pasado, en el Festival de Teatro de Mérida, un barbado Mario Vargas Llosa se transformaba en Odiseo. No solo volvía a actuar, sino que lo hacía con palabras propias: se trataba de ‘Odiseo y Penélope’, su versión libre del mito clásico de Ulises.

Aunque los grandes episodios del poema homérico marcan el texto, Vargas Llosa confiesa: “Me he tomado libertades con el texto clásico y he evitado la tentación arqueológica”.

Por otra parte, asegura haber revisado toda cuanta versión o traducción del texto tuvo a mano desde que, en un taxi en ciudad de México, se comprometiera para desarrollar el proyecto con la actriz española Aitana Sánchez-Gijón.

Respecto de la obra clásica, la obra de Vargas Llosa es minimalista. Todo el trayecto penoso y aventurado de Odiseo retornando a Itaca se narra en una sola noche: el soldado le narra sus avatares a su esposa y única interlocutora, Penélope.

Ella, reportan las crónicas del espectáculo, se metamorfosea en la ninfa Calipso, la maga Circe, el cíclope Polifemo, la princesa Naussica, Atenea, y muchos otros personajes.
El retorno sobre la Odisea no es gratuito. El de Vargas Llosa se suma al trabajo que el escritor italiano Alessandro Baricco hizo de reescritura del texto épico.

Es que en tiempos donde los señores de la guerra campean por el mundo, volver sobre ese origen en las armas se ha vuelto necesario para Occidente, tanto si busca un pretexto para matar y morir (como en la novela gráfica y película ‘300’) como si (es el caso de Baricco) quiere encontrar el relato de la humanidad que sobrevive a la violencia y a la estupidez.
En el caso del autor peruano, “lo fundamental es la mudanza de identidades a lo largo de la obra, una aventura escénica paralela a las peripecias de Odiseo que responde a una cultura, la de la Grecia clásica, en la que la idea de la metamorfosis fue central, ya que cada ser era o podía ser varios, donde dioses, animales y humanos están permanentemente sometidos a mudanzas”, según comentó a diario El País, de España.

La aventura de Odiseo puede resultar evocadora del propio proceso vital del autor peruano, nacido en Arequipa en 1936.

Con la diferencia de que él ansiaba que llegue la hora de partir y no quiso engañar a los dioses para que posterguen su barco.

Luego, como Odiseo, estuvo en brazos de distintas mujeres, los amores de su vida, recordando siempre a Itaca, que era Lima.

Sobre el Perú volvía en sus relatos, hacia el Perú regresaba con sus ideas y sus anhelos. Décadas, como el Ulises de Homero, estuvo entre puertos ajenos al suyo, antes de por fin regresar.
No cuenta Homero qué pasó con Odiseo después de que recuperó su lugar en la tierra que heredó de sus mayores. De Vargas Llosa sabemos que tentó cambiar de armas, dejar la pluma; quiso ser presidente, perdió en las urnas ante Alberto Fujimori.

Desencantado, dejó Perú y se nacionalizó español. Volvió por sus propios mares, en busca de sus dominios.

Esta entrada teatral cierra un ciclo abierto hace décadas e inaugura otro tiempo para Vargas Llosa, porque no solo es un bello relato a dos voces sobre un rey que hace todo por volver a casa, maldecido por los dioses.

Se trata, también, del reencuentro de un escritor con la emoción original de su primera escritura.

Autor: Alfonso Espinosa Andrade
Fuente: El Comercio